A los pueblos los hacen sus hombres. Todos aquellos que transitaron los caminos y veredas de Cástaras, que trabajaron sus tierras o que yacen sepultados bajo ellas; que nacieron allí aunque fueran a morir allende, o que llegaron de otros lugares en busca de nueva vida, moldearon una comunidad cuyos caracteres forman parte de la identidad actual de Cástaras.
Destinamos esta sección a esos hombres y mujeres castareños, nativos o de adopción. A recordarlos y homenajearlos, como contribución para que la marca, aun leve, trazada al vivir, no sea borrada por el transcurso de los años.
Muy tenue es la huella dejada en la Historia por Muhŷa bint Ibn 'Abd ar-Razzāq, la castareña más antigua conocida, que cultivó la poesía en la Garnata de al-Andalus hacia los siglos XI o XII, pues no se conocen con precisión las fechas de su vivir. El político, historiador y biógrafo valenciano Ibn al-Abbār (Balansiyya,1199 - Túnez, 1260), primer escritor del mundo árabe que se atrevió a incluir mujeres en sus recopilaciones, dejó escrito en su obra Kitāb at-takmila li-kitāb as-Sila, que Muhŷa vivía en Granada con recato y que era de la misma generación que otra poeta granadina, Nazhūn bint al-Qalā`ī, que vivió según parece a mediados del siglo XII.
Otros autores que citan a Muhŷa son Ibn Abd al-Malik al-Marrākušī en Al-Dayl wa-t-Takmila, y al-Maqqarī (1578-1631) en Nafh at-tīb mis gusn al-Andalus ar-ratīb, adonde le atribuye los versos siguientes:

Cuando los intrigantes quisieron separarnos
y no podíamos pedir venganza de ellos,
cuando al asalto se lanzaron de nuestra buena fama
y al verlo escasearon mis defensores y aliados,
contestaste a su ataque con tus ojos
y con mis lágrimas y aliento
que eran espada, torrentes y fuego.
Teresa Garulo Muñoz, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, que nos revela toda esta información en su libro Dīwān de las poetisas de al-Andalus (Hiperión, 1986), advierte que estos versos se consideran normalmente obra de Hamda bint Ziyād, poetisa de Guadix, y sugiere que nuestra paisana podría ser descendiente de 'Abd ar-Rahīn bint 'Abd ar-Razzāq, ministro de 'Abd Allāh bint Buluggīn, último rey zīrī de Granada, que reinó desde 1073 hasta 1090.
Muhŷa y sus antepasados son los castareños más antiguos de los que se tienen noticias.

Izquierda: Labrado en yesería de la Casa del Temple de Toledo (siglos XI-XII). Derecha: Reproducción facsímil del nº 2892 de la Takmila (ed. Alarcón y G. Palencia) donde Ibn al-Abbār aporta la noticia más completa de Muhŷa bint Ibn 'Abd ar-Razzāq, la poetisa castareña del siglo XI o XII.
![]()

Alicatado de cerámica del siglo XIV en el Salón de Embajadores de la Alhambra.
Cronológicamente, los siguientes castareños conocidos, vivieron a finales del siglo XV o en la primera mitad del XVI. De esta época se conservan en los archivos de la Alhambra, Real Chancillería, Histórico Diocesano de Granada, Simancas, etc., documentos sobre la administración del recién conquistado reino, que aportan nombres y sucinta información de castareños afectados por los radicales cambios culturales, sociales y religiosos, acaecidos en aquellos tiempos por tierras granadinas.
Por medio de las profesoras de la Universidad de Granada, Trillo San José y Moreno Olmedo, hemos conocido la existencia de los castareños citados en seguida.Aunque sólo se conoce su nombre y por tanto no se sabe siquiera la época en que vivió, sospechamos que Ben Tomeyde sería el morabito que ocupó, posiblemente en pleno auge de la espiritualidad militar del Islam medieval, una de las tres rábitas de Cástaras, a la que prestó su nombre según desvelan el Inventario de Bienes Habices de 1501 y otros documentos del siglo XVI.
No tenemos información sobre autoridades de Cástaras anteriores a 1500, es decir sobre alguaciles, cadíes, alfaquíes o imanes. Miguel Alhadid, primer alguacil del que sabemos poco más que su nombre, ejerció en Cástaras a partir de 1500 y dejaría el cargo poco después, ya que el 8 de agosto de aquel año se dispuso que los dos regidores, los dos alcaldes y el alguacil que debían elegirse anualmente para cada lugar de La Alpujarra, no repetirían en el cargo dos años seguidos. Medio siglo más tarde Juan Zacarías era el alguacil de la alquería, pero no estaría satisfecho pues intentó pasarse a Berbería, siendo apresado y encausado en Motril a finales de 1553. Por una averiguación de los bienes de su mujer sabemos que Martín fue también alguacil de Cástaras antes de 1563 y que falleció antes de 1565.
En cuanto a los cargos religiosos musulmanes de Cástaras, se sabe de la existencia de dos alfaquíes por una escritura de venta del 8 de marzo de 1525, que hizo María, la mujer del alfaquí el Mohaymali a su hijo el alfaquí Pablo. Con los datos disponibles no es factible asegurar donde ejercieron y, aunque sea verosímil, tampoco se puede afirmar taxativamente que fueran castareños.
El citado Inventario de Bienes Habices enumera un moral en tierras de la mujer de el Gomeri, castareño al que la profesora Trillo cita, junto a otros de idéntico apelativo en poblaciones cercanas, como ejemplo de la pervivencia en La Alpujarra a finales del siglo XV de la tribu bereber Gumāra, una de las participantes en la invasión árabe de 711.

Este dibujo, en el que se ve un morisco tirando del ronzal de la caballería sobre la que cabalga su mujer con un niño metido en el serón, representa fielmente una práctica inveterada y frecuente en Cástaras hasta mediados del siglo XX.
(Christoph Weiditz: Das Trachtenbuch
(Códice del traje), 1529).
Mencionados en manuscritos del mismo legajo y agrupados por la misma profesora como inmigrantes en Cástaras, tenemos a: Juan Almotrili, de Motril; El Çehili, de la aledaña taha del Sahil o Çehel, formada por los actuales municipios que extienden su territorio en la ladera sur de la Sierra Contraviesa, desde Sorvilán y Polopos por el oeste hasta Albuñol y Murtas por el este, englobando además a Torvizcón e inesperadamente, por estar a la derecha del Guadalfeo, a Almegíjar; Juan Niguelexi o Juan Alniguelexi Ali, que sería de Nigüelas, pero que también podría ser de Nieles si admitimos el mismo origen (nawwála) para ambos topónimos; y Gonçalo de Baça Bazti, cuyos apelativos delatan con redundancia su origen en la vetusta ciudad del Altiplano granadino. También de Baza, o pariente de Gonzalo, sería Juan el Bastí quien, como consta en un escrito fechado en Narila el 17 de febrero de 1540, vendió treinta arrobas de hojas de morales de raíz a un tal Juan Pablo.
Junto a este contrato de compraventa, contenido en un pleito de tercería a las propiedades del castareño Lorenzo Marcos (o Márquez), desarrollado entre los años 1566 y 1568, se halla el manuscrito más antiguo referido a Cástaras del Archivo de la Alhambra: una carta de venta romanceada por el escribano Juan Rodríguez y fechada a «cinco días de la luna de dulhija año 898», equivalente al 17 de septiembre de 1493, si bien el escribano la hizo corresponder con el 16 del mismo mes y año sin duda por error.A lo largo de los dos primeros tercios del siglo XVI, y especialmente al final de ese periodo, fueron frecuentes las huidas hacia Berbería de moriscos que venían soportando presiones del régimen instaurado al final de la centuria previa, y que ansiaban liberarse de ese yugo. Tanto a los capturados en el intento como a los que completaban la huida, se les confiscaban sus pertenencias para financiar la construcción y reparación de fortalezas defensivas en las costas de Reino de Granada.
Documentos de la época, clasificados meticulosamente por la eminente paleógrafa granadina María Angustias Moreno Olmedo, en su obra de 1994 Catálogo del Archivo Histórico de la Alhambra, contienen nombres de moriscos de Cástaras que intentaron, y algunos consiguieron, escapar al norte de África o que resultaron afectados por tales hechos. A continuación se irán detallando con información obtenida del citado catálogo.
El trece de octubre de 1553 se instruye en Motril causa contra Juan Zacarías, alguacil y vecino de Cástaras y Lorenzo el Hanin, vecino de Andarax, presos por intentar pasar a Berbería. En 1559, el 28 de junio, se informan y embargan propiedades de Diego Jiménez, también vecino de Cástaras, seguramente a causa de haber huido o de haberlo intentado, y en 1560 se le confiscan la cuarta parte de una hacienda y algunos bienes muebles que dejó su abuelo, Juan de Baena, en Berchul.

Moriscos «con mano armada». (Tomado de Imageevent)
Mediado agosto de 1560, desde una galeota fondeada frente a las playas de Castell de Ferro, un grupo de turcos y moros se adentró hasta Notáez, adonde tendrían concertada la huida colectiva con moriscos del lugar y de las aldeas cercanas. Secuestraron al sacristán, Juan de Blanca, con su mujer e hijos, reunieron en la plaza unos sesenta moriscos cargados con sus posesiones muebles, y partieron juntos, «con mano armada», a embarcar en la galeota que aguardaba en la costa para ir a Berbería. En el camino fueron interceptados por «ciertos soldados de los de Motril», que desbarataron la fuga prendiendo a treinta y un moriscos, conducidos presos a la Alhambra por orden de Luis Hurtado de Mendoza a cargo de la capitanía general del reino por ausencia de su padre Íñigo López de Mendoza, el «muy descomedido y poco considerado» —según don Juan de Austria— IV conde de Tendilla. Estos hechos, conocidos como «la cabalgada de Notáez», son paradigma de las huidas masivas preparadas cuidadosamente, con ayuda de turcos y berberiscos, por moriscos granadinos en combinación con otros ya asentados en el norte de África.
El día veintiséis del mismo mes del incidente, agosto de 1560, el vecino de Cástaras Antón de Blanca presentaba ante el gobernador de la Alhambra una petición sobre el reparto y paga de la reseñada cabalgada, y año y medio después seguía pleiteando por esta causa según autos fechados en Ugíjar el 11 de diciembre de 1561. Seguramente participó en la correría implicado por el secuestro del sacristán de Notáez, que era su hermano, lo que sabemos por la coincidencia de apellidos y por el poder que le otorgó el 19 de septiembre de 1565, «estante en Granada», donde quedó anotado ese grado de parentesco.
Elbi Arzeo era en aquellos años cura y beneficiado de Cástaras, y también de Notáez, cuya parroquia de Nuestra Señora de la Cabeza estuvo anejada a la de Cástaras desde su creación, en 1501, hasta el siglo XVIII. Como tal presentó, el 27 de octubre de 1561, instancia solicitando las primicias del pan (trigo) secuestrado a sus feligreses moriscos presos por intentar huir.

|
Molinero y mujer trabajando, (miniatura de un manuscrito árabe del siglo XVI. Biblioteca de El Escorial). |
Barco argelino, mediados de siglo XVI, (fragmento del grabado Algerii saracenorum urbis fortissimae... de Civitates orbis terrarum). |
Uno de aquellos feligreses cautivos era Rafael Zamorano, castareño integrante de la partida de Notáez. En 1561, junto al también morisco Luis Arruga, vecino de «Fondaes», pleiteaba con Cristóbal de Roa y otros soldados de los que estorbaron la correría. Otros miembros de la familia Zamorano participarían también en estos o parecidos hechos. Entre 1563 y 1566 se desarrolló un recurso de tercería interpuesto a los bienes de Luis Zamorano por sus hermanos y por su madre, Catalina Zamorana (o Zamora), en el que se probó que había otorgado testamento en 1546. El secuestro de estos bienes, vendidos en Cástaras el 14 de agosto de 1563, acredita la huida, no sabemos si completada, de este morisco castareño.
Asimismo, la víspera de la «Virgen de agosto» de aquel año, se liquidaron en Cástaras las posesiones dejadas al huir por Juan de Almagro, morisco castareño que logró completar su escapada según se refleja en una relación patrimonial fechada en Ugíjar el 13 de mayo de 1565.
Y un día antes, el 13 de agosto de 1563, se habían vendido y rematado, también en Cástaras, bienes de los dos hemanos «Hacenes», hijos de Martín el Hacén. La operación no se completó, porque dos años más tarde, el 1 de julio de 1565, vuelven a redactarse autos de venta y remate de pertenencias de estos hermanos castareños. De la misma familia, o tal vez uno de ellos, sería Matías Hazén, contra el que se informó de su patrimonio en 1565.
Como se está viendo, en aquel verano de 1563 se elevaron informes o se remataron y vendieron posesiones de moriscos huidos de Cástaras, entre los que también estaban: Sebastián Vargas, con propiedades embargadas el 21 de julio de 1563 y vendidas por auto fechado en Cástaras el 2 de julio de 1565; Lorenzo Abenzoraique de cuyos bienes se informó en Cástaras el 27 de julio de 1563 y se secuestraron en Notáez el primero de julio de 1565; y Lorenzo de Sierra procesado por tránsfuga en 1563.

Mujer y niña moriscas,
(Christoph Weiditz: Das
Trachtenbuch, 1529)
Pero no sólo huían hombres, sino que, además de las esposas e hijas que sin duda acompañaron a muchos, en los documentos que venimos manejando también aparecen nombres de mujeres de Cástaras: Inés Cano, cuyo testamento se incorporó al secuestro de bienes, suyos y de sus hijos, hecho conjuntamente en Cástaras el 27 de julio de 1563, siendo vecinos de Notáez; Isabel, la mujer de Martín alguacil de Cástaras, cuya averiguación, fechada en Berchul, es del 30 de julio de 1563, y el secuestro, efectuado en Narila, del 14 de junio de 1565; Inés Alguacila, sus bienes pasaron a propiedad de la Corona por requisas de 1563 y de 1565, esta última en conjunto con las posesiones de Isabel Mansilla e hijos, entre las que pudo estar el cerro que hoy seguimos nombrando con su apellido, a pesar de que algunos estén empeñados en sustituir la ese por la ce, cuando en Cástaras raramente se ha ceceado; Isabel Sanchez, vecina de Cástaras y seguramente morisca, que hizo probanzas de tercería sobre un macho en 1560.
Todas las averiguaciones, secuestros, remates y ventas de 1565 se ejecutaron por Gaspar de Vílchez, apoderado y comisionado para ello por el conde de Tendilla en el mes de marzo del mismo año. Los gastos ocasionados en el ejercicio de su función los enumeró en cuatro folios fechados en Cástaras el 29 de septiembre de 1565. ¿Sería ya entonces la fiesta patronal del pueblo ese día?
Aún después de la estancia en Cástaras de dicho comisionado colearon algunos asuntos, y así vemos como Juan Rodríguez de Sobremonte, uno de los vecinos, reclamó la quinta parte de una hacienda confiscada que él había denunciado, en una instancia fechada en la fortaleza roja el 13 de marzo 1566. O como Miguel Alonso, también vecino de Cástaras, apoderó el 18 de marzo de 1566 al procurador Francisco Vaca, para que cobrara la quinta parte de una hacienda que le había ofrecido el comisionado Vílchez, seguramente por haberla denunciado.
Este poder es el último documento sobre Cástaras catalogado en la obra que nos viene sirviendo. Es posible que entre mediados de 1566 y el estallido de la sublevación a finales de 1568, no se produjeran más tentativas de fugas ni otros sucesos en los que tuvieran que intervenir el marqués de Mondéjar u otra jurisdicción de Granada.
* * *
Sean las relaciones dadas testimonio de estima por estos olvidados hombres, tratados con dureza por la vida, a los que debemos parte de nuestra identidad castareña.

Moriscos granadinos, fragmento de un grabado de Joris Hoefnagel (hacia 1563)
![]()
Incluido el 28-04-2008. Última revisión: 16-05-2008.
Copyright © Jorge García, para Recuerdos de Cástaras (www.castaras.net).
Copyright © De los autores o propietarios de los materiales cedidos.