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Aunque Juan Manuel Jerez no insertó ninguna fotografía de Cástaras en su guía, incluimos aquí esta del Poco trigo visto desde la calle de san Miguel, que nos cedió amablemente en los comienzos de este espacio web. |
Editada en 1992 por Editorial Andalucía, y subtitulada Guía para el
viajero, Juan Manuel Jerez Hernández, alpujarreño de Ugíjar, nos ofrece,
a lo largo de las trescientas páginas del libro, abundantes datos y
fotografías de los pueblos y parajes alpujarreños, entre las que no hemos
visto ninguna de Cástaras, que va citada en varias páginas de la guía, para
referirse a ella como perteneciente a la antigua Taha de Jubiles;
para incluirla entre los municipios que componen La Alpujarra granadina; en
referencia a su pasado minero; a la pertenencia parcial de su territorio al
Parque Natural de Sierra Nevada; a la carretera que, desde el Portichuelo,
lleva hasta «Cástaras, suspendido también en las últimas lomas de Sierra
Nevada que van a morir a la orilla del río Guadalfeo»; a su propia
reseña en la obra, reproducida en el párrafo siguiente; al refugio de la
Federación Andaluza de Montañismo en que convirtieron a La Caseta durante
algunos años; y por último, dentro de la noticia de Almegíjar, en alusión a
la carretera que une ambos pueblos.
Incluida Cástaras en la que Juan Manuel titula Ruta del medio Guadalfeo, junto a Torvizcón, Almegíjar y Lobras, esto es lo que se dice del pueblo:
«Cástaras, con una extensión de 26,64 kms2 y poco más de 300 habitantes repartidos entre el núcleo principal y su anejo Nieles, está situado por debajo de la carretera de Alta Alpujarra mirando al valle del río Guadalfeo, por el cual se encuentra más fácil acceso a través de Torvizcón y Almegíjar, si bien el viaje a través de las abandonadas minas del Conjuro ofrece una impresionante vista de toda la Taha de Pitres al borde de grandes precipicios, así como una visión general de la cara norte de La Contraviesa. Dista de Granada 93 kilómetros y 121 de Almería, estando situado a una altura de unos 1.000 metros.
Cástaras celebra sus fiestas en el mes de mayo en honor a la Virgen de Fátima, mientras que Nieles lo hace en febrero en honor a San Blas».

También en 1992, la editorial Everest publicó en León una guía de 168
páginas con texto y fotografías de nuestro paisano Gabriel García Guardia,
que hace un ameno recorrido por La Alpujarra alta, dividido en ocho rutas
con mapas, datos, impresiones, opiniones y más de cien fotografías útiles
para el viajero que quiera descubrir un territorio tan cambiado en los
últimos años.
Recorriendo la segunda ruta, titulada Hasta los pies de Mulhacén, Gabriel se ve forzado a desviarse unos kilómetros del itinerario para hacer una incursión en Almegíjar y en Cástaras, de la que inserta una magnífica versión de la ya clásica fotografía desde El Visillo, y el texto siguiente:
«Cástaras se descubre tras una asomadilla situada entre vides y almendros. El pueblo tiene un barrio alto, muy escondido entre arboleda, mientras que los barrios que rodean la airosa iglesia de ladrillo se abren claros al mediodía. Es pueblo tranquilo, fresco y agradable. El agua de sus fuentes es apreciada y casi un jardín natural es su fuente baja, en la que quedan restos de un puente romano y junto a la cual yacen, muy abandonados, unos baños termales. En Cástaras, se celebra a su patrón San Miguel, que en otro tiempo obligaba, cada final de septiembre, a disponer su plaza como un corral de comedias. Hoy, se celebra la fiesta el domingo del verano que mejor conviene a los emigrantes, que retornan de vacaciones por esas fechas.
Desde Cástaras, parte un camino que pasa
junto a la ermita de la Virgen de Fátima y luego se bifurca; un ramal
conduce al anejo de Nieles, al pie de otras minas también famosas; otro va
al Cortijo de don Juan y baja al molino del río por su rambla. En la Casería
de este pueblo, la Universidad de Granada instaló hace poco un albergue de
montaña».
Después de completar la incursión en Almegíjar, vuelve sobre sus pasos para escribir al retornar por el Portichuelo:
«Desde esta altura, el paisaje se torna suave, con un horizonte dibujado de colinas redondeadas. Discurrimos por calizas claras en las que se establecen de vez en cuando prados y majadas. Las acequias dan vigor a estos enclaves agrícolas y algunos cortijos constatan su actual vitalidad. En las solanas, destacan las encinas con su color verde oscuro y seco, mientras que los barrancos son oasis de frescor, cedido por el follaje lustroso y espejeante de los álamos.
A medio camino de Juviles, se encuentra un peñasco calizo cubierto por una yedra a cuyo pie nace una fuente. Es la Fuente de Solís, famosa en estos pueblos por su agua fresca, rica y casi entre lo medicinal y lo milagroso. La húmeda herida en la montaña está acompañada de prados y arboledas en las que resulta apetecible un descanso o una excursión campestre».
Redactada por Eduardo Castro Maldonado, el destacado escritor y periodista motrileño nacido en Torrenueva en 1948, con la colaboración de Antonio Díaz López y fotografías de José Garrido, se publicó en 1992 por la Caja General de Ahorros de Granada, y en 1995 por Sierra Nevada 95 en Monachil.
Este es el extenso párrafo dedicado a Cástaras (reparar en que alguna información ofrecida está obsoleta):
«Algo más adelante del anterior desvío, a la altura de la Venta del Relleno, nos encontramos con una nueva bifurcación, cuyo ramal de la izquierda atraviesa las antiguas minas del Conjuro y empalma con la carretera de la Alpujarra alta entre Juviles y Trevélez, mientras que el ramal de la derecha conduce, bordeando la Loma del Castaño, hasta la hermosa Cástaras, sin duda una de las localidades más sorprendentes y bonitas de toda la comarca, al tiempo que una de las más castigadas en la década de los 70 por la falta de puestos de trabajo y la emigración. Hasta tal punto llegó a ser preocupante en un momento dado su situación de abandono que no dudamos en hacer un llamamiento en la prensa local67 para evitar su paulatino deterioro, calificándolo entonces como un «delicioso paraíso abandonado», con las dos terceras partes de sus casas cerradas y la mayoría de su población incrementando el censo, contra su voluntad, en extraños municipios de los alrededores de Barcelona o Palma de Mallorca. Tan sólo en una época del año, al final del verano, el pueblo recobraba su alegría perdida, su añorado ritmo de la vida cotidiana, con motivo de las fiestas patronales de San Miguel, que, como se decía en aquel artículo, eran en realidad una excusa para el regreso de las familias emigradas:
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Fotografía incluida en 1975 en el artículo de IDEAL citado por E. Castro. Observar que está volteada horizontalmente, quizá como exponente del deterioro de Cástaras en aquellos años. (Pasando y manteniendo el cursor sobre la imagen se volteará para verla en su posición correcta) |
“Más que otra cosa, las fiestas de San Miguel suponen para Cástaras la celebración anual del rito de los saludos entre viejos amigos separados, una larga serie de conversaciones e historias contadas al compás de las explosiones de los cohetes y los acordes musicales de la verbena de la plaza principal. Durante dos días, las pocas tabernas que siguen funcionando en el pueblo, permanecen abiertas y rinden a un ritmo normal. Durante dos días, las calles de Cástaras se animan y adquieren también un aspecto normal. Durante dos días, en fin, el pueblo late con verdadera intensidad. Y todo se rubrica, naturalmente, con la celebración religiosa en honor del patrono, que es el principal y profundo motivo de la fiesta.
Después, con la llegada de octubre y el regreso de cada cual a su lugar de trabajo y residencia, Cástaras vuelve uno y otro año a quedarse silencioso y triste. Para los que se quedan es, entonces, el momento de los suspiros y las añoranzas”.
Por fortuna, las cosas parecen haber cambiado hoy lo suficiente como para no temer ya más por el futuro de la localidad, gracias sobre todo a una serie de mejoras en su infraestructura urbanística y en sus comunicaciones, que han acabado con su ancestral aislamiento, convirtiéndola de hecho en un sitio ciertamente ideal para unas vacaciones tranquilas y agradables. El problema, sin embargo, para quienes tengan tal propósito, es la falta de «posadas, fondas, ventas o pensiones» en el pueblo, lo que llevó hace unos años a los organizadores de las fiestas de San Miguel a advertir simpáticamente a los posibles visitantes que «una manta en el zurrón siempre será de gran utilidad para pasar la noche bajo las estrellas». No obstante, el refugio del ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza), situado a la entrada del pueblo, está habilitado para albergue, y existen algunas casas particulares que alquilan habitaciones. Cuando probablemente no tendremos problemas es a la hora del condumio, pues son dos los bares que sirven comidas y vino de la tierra: «Cecilio», a espaldas de la iglesia, en el camino de Nieles, y «La Columna», junto a la plaza de la Fuente de los Caños.
En los últimos años, las fiestas de San
Miguel se han trasladado a mediados del mes de agosto, alrededor del día 15,
con objeto de aprovechar la presencia en el pueblo por vacaciones de los
numerosos castareños que viven fuera. Como curiosidad del programa festivo
habría que destacar que la imagen patronal se saca a la calle en procesión
dos días seguidos, acompañada en ambas ocasiones por la de San Antonio, pero
alterando el segundo día el orden de ellas en el desfile. Otros
acontecimientos interesantes del calendario festivo de la localidad son los
chiscos
de San Antón en enero, la romería del 13 de mayo, en honor de la
Virgen de Fátima, y el día de Todos los Santos, que se celebra encendiendo
una gran hoguera («chisco») para hacer en ella una mauraca o
«tostonada» de castañas.
A los vecinos de Cástaras les gusta recordar a sus visitantes la bonita frase de «Vergel dormido entre piedra y agua» que figura en los archivos del Ayuntamiento como referencia a la localidad, una definición sin duda acertada y que remite a la dificultad de su territorio, la abundancia de sus aguas y la frondosidad de su vegetación. Una excursión interesante para confirmar cuanto decimos, aunque haya que realizarla a pie, es la que lleva desde el pueblo hasta los cercanos y antiquísimos baños del Piojo, cuya visita siempre merece la pena, a pesar de que en la actualidad se encuentran abandonados. Por su parte, quienes no visitaran el anejo de Nieles a su paso por Juviles, durante la ruta anterior, ahora tienen una nueva oportunidad de hacerlo desde Cástaras, pues recientemente han asfaltado el antiguo camino que unía ambos pueblos, por lo que ya se puede ir del uno al otro en automóvil, aunque hay un estrechamiento a la entrada misma del pueblo por el que no caben vehículos grandes, como furgonetas anchas o camionetas».
Este es el artículo al que se hace referencia en el texto precedente (si pulsa puede consultar una copia incluida en la página de la Asociación Cultural de Cástaras y Nieles):
67. E. CASTRO: Cástaras, un pueblo alpujarreño que no quiere morir («Ideal», Granada, 26 de octubre de 1975).

Miguel J. Carrascos Salas, el prestigioso profesor apasionado por La
Alpujarra, y por ello alpujarreño de adopción, que tanto trabajo ha dedicado
a su estudio, materializado en los dos volúmenes de la completa publicación
de 1992 La Alpujarra, dio a la imprenta de Proyecto Sur de
Ediciones la guía aquí comentada, cuya primera edición es de 1993 y la
segunda de 1996, en la que se incluyen incontables fotografías de Ramón
Sánchez Arana y de Miguel Hidalgo Carrasco, aunque ninguna de Cástaras.
La guía está estructurada en una descripción general, nueve rutas turísticas, un capítulo dedicado a las fiestas alpujarreñas en el que se habla sobre el Festival de Música Tradicional, de las fiestas populares, y naturalmente del trovo, seguido por un tratado sobre las señas de identidad de nuestra tierra, para continuar con los centros de interés turístico, industrial y cultural, y finalizar con una guía de alojamientos, bares y restaurantes, fiestas, gastronomía y artesanía.
Tal vez por ser necesario desviarse de todo trayecto turístico para llegar al pueblo, Cástaras no se ha incluido en ninguna de las rutas recorridas en la obra. Sólo, al pasar por otros caminos cercanos se hace referencia a la población.
En la página 115 dentro de la ruta 4, Trevélez Laroles, escribe el autor:
«A 12 kms. después de haber abandonado el valle de Trevélez y dejados a la derecha la antiquísima aldea de Cástaras (lugar de 343 habitantes y 1022 ms. de altitud) y su pequeño anejo de Nieles, (100 h. y 1072 ms. sobre el mar), el viajero desciende, casi por inercia, hasta Juviles, uno de los municipios andaluces de menor extensión superficial y menor número de habitantes (233 en el Padrón Municipal de 1991)».
Y dentro de la ruta 5, Laroles-Ugíjar-Cádiar-Torvizcón-Órgiva, cabalgando la Contraviesa, Carrascosa se embelesa al contemplar el paisaje ofrecido al viajero, que le inspira el siguiente párrafo en el que también cita a Cástaras:
«Situados en la zona alta de Torvizcón, dominando su renovado caserío, el viajero puede admirar el espectáculo que ofrece la ladera meridional de Sierra Nevada descendiendo hasta el Guadalfeo, en una sucesión interminable de cerros fuertemente erosionados y medianas colinas, cortados a veces por hendiduras, barrancos y derrumbaderos que mueren junto a los pequeños valles. Asomados a los balcones rocosos de la ladera o escondidos entre el verde y gris de las umbrías, a la derecha del río, cuelga un nido de pueblos de origen multisecular: Almejíjar, Cástaras, Notáez..., como testimonios vivos del paso de los romanos, mozárabes y beréberes del Alto Atlas por La Alpujarra».
Finalizan las citas a Cástaras con señas de lugares para dormir, beber y comer, y con las fechas de celebraciones, datos que por estar obsoletos no reproducimos.

El
Colectivo Peñabón, formado por más de treinta maestros, lanzó en 1993 a
través de la editorial Clave aynadamar, esta guía de La Alpujarra, dedicada
a “Carlos Alonso, compañero para siempre”.
En sus doscientas ocho páginas se hace, tras la introducción y
notas aclaratorias, un repaso a los accesos, historia, geografía, cultura,
economía, fauna y vegetación alpujarreñas, continuando con nueve rutas y
finalizando con una guía de servicios, que por el tiempo transcurrido desde
la edición está algo obsoleta. La obra contiene abundares fotografías,
dibujos, pinturas, croquis, mapas y otras ilustraciones. De cuando en
cuando se insertan anécdotas, leyendas y textos referidos a esta bendita
tierra, así como informaciones sobre algunas de sus riquezas naturales.
En la ruta 3, titulada Valle del río Guadalfeo, se inserta la información, reproducida a continuación, específica sobre Cástaras y también sobre Nieles, acompañada por sendas fotografías e indicaciones de algunos lugares de excursión cercanos:
CASTARAS
Pequeña población en la actualidad, pero núcleo urbano importante cuando las minas del Conjuro estaban en producción. Es, posiblemente, el pueblo de La Alpujarra granadina que más población ha perdido en este siglo. Al término municipal de Cástaras pertenece la localidad de Nieles, unida a la cabecera municipal por una pista de tierra de pocos kms. La población es de 366 habitantes y la superficie de 26,64 kms. cuadrados. La densidad de población es de 13,73 h/km. cuadrado. La distancia a Granada es de 93 kms. y a Almería de 121 kms. Su altitud es de 1020 mts.

* Lugares de excursión.
• Minas del Conjuro.
• Cueva Fresca.
• Fuente Agria.
• El Tesorillo.
NIELES
Pertenece al municipio de Cástaras. Está situada a una altura de 999 metros
y la distancia a Granada es de 96 kms. (por Cástaras y Almegíjar) y a
Almería de 113 kms. por Juviles.
* Lugares de excursión.
• La Fuente Solís.

Dentro de la colección Granada en tus manos, editada por Corporación de medios de Andalucía, (IDEAL), con patrocinio de la Diputación de Granada, se dedica el volumen tercero, cuyo autor es Rafael Gan Quesada, joven profesor y periodista granadino, a La Alpujarra de la que se declara enamorado. La ruta cinco, titulada El Guadalfeo, río de belleza, se inicia con una preciosa vista de la iglesia de Nieles y cita de la frase que pronunció Alfonso I, el Batallador cuando transitaba por el Guadalfeo en 1126: «¡Oh que gentil sepultura, si hubiera quien de lo alto nos echase tierra encima». A Cástaras, Nieles y la ermita de Los Morenos, se destinan las páginas 122 y 123 de la guía, que contienen las fotografías y el texto reproducidos a continuación:
Cástaras
Entre aguas y piedra
Nunca hubo mejor lema para caracterizar a uno de los pueblos alpujarreños. Sin connotaciones promocionales sino simplemente porque Cástaras es así, un lugar situado entre húmedos y frescos barrancos y altos e imponentes riscos de piedra caliza. ...en una situación quebradiza y según noticias, de ahí toma su nombre, que Cástaras en idioma arábigo, es lo mismo que decir Cascajares, afirmaba el capellán Fernando García y Villalta en 1791.
En
efecto, en la confluencia de los barrancos de la Alberquilla y Fuente Medina
y a los pies de su famosa Piedra 'horá', se encuentra este bello pueblo
serrano y del valle al mismo tiempo. Un lugar bastante desconocido a pesar
de ser una de las estampas más bellas de la Alpujarra. Tranquilo para
quienes buscan paz y condiciones adecuadas para crear como es el caso del
famoso pintor californiano Jack Rutherford, aquí afincado. La abundancia de
agua en su término es tal que abastece a los pueblos de la Contraviesa
mediante una conducción. Y es que son numerosas las fuentes y manantiales y
todavía hoy existen en Cástaras algunos criaderos de agua, esto es, zonas en
las que se deja salir el agua de una acequia durante días o semanas para
que, más tarde, mane en otro punto más bajo. ¡Normal pues que el barranco
del Gayumbar presente un aspecto verde y frondoso incluso en las peores
épocas de sequía!
Antigua
alquería de la tahá de Jubiles, destacaban antaño sus moreras, su buena
ganadería y más tarde fue repoblado por castellanos viejos que dieron sus
nombres a algunos pagos conocidos como el de Prados de Villarreal. La
iglesia de San Miguel destaca por el color oscuro de los ladrillos de la
edificación en fuerte contraste con la blancura de las casas castareñas. Es
una amplia nave rectangular, del siglo XVII, con la capilla mayor
diferenciada mediante un arco toral, una fachada sencilla y una alta torre
con su campanario que tuvo que ser sobreelevada en el siglo XVIII porque,
dicen, los vecinos del barrio alto no oían las campanas. Lo más destacable
de este templo es la armadura mudéjar de su nave central que se conserva
bien. La capilla mayor, en cambio, también se cubría con una interesante
armadura, que fue sustituida por una simple bóveda. Durante las fiestas de
San Miguel, en agosto para permitir que participen muchos habitantes que
emigraron en su día, sale la imagen del patrón acompañada por San Antonio,
co-titular del templo.
Además de la iglesia parroquial, Cástaras
cuenta con dos ermitas dedicadas a la Virgen de Fátima, sobre todo la bella
capilla que se encuentra en el camino de Nieles, excavada en el interior de
una antigua cavidad natural.
Del pasado industrial de Cástaras se conservan las ruinas de las minas los
Prados y las de Mansilla, importante centro de trabajo de muchos habitantes
que con su cierre tuvieron que emigrar. Abandonadas pero todavía visibles,
un proyecto para la creación de un parque geo-minero con la localidad de
Tímar podría tal vez promocionar el turismo de la zona, poco desarrollado.
Pero bueno, con turismo o sin él, este pueblo sigue siendo un sitio
privilegiado para realizar alguna interesante excursión por sus alrededores:
por el caminillo viejo hacia Nieles, por el barrio alto hasta Juviles, la
Casería, Fuente Solís... Sin olvidar que el municipio se extiende al otro
lado del Guadalfeo y cuenta con más de medio centenar de cortijos dedicados
a la viña y el almendro, antiguos lagares y bodegas de mucha solera como Los
Blancos o García de Verdevique.
Nieles
Aunque
sólo fuese por ver sus tres eras, ya merece la pena acercarse hasta Nieles,
anejo de Cástaras desde 1574. Y además porque está muy cerca dando un
agradable paseo a pie de dos kilómetros que permite conocer el paisaje
circundante. Las eras, empedradas y recientemente restauradas, son el mejor
mirador del barranco de Nieles con sus fértiles huertas labradas. Tanto
estas viejas plataformas de pizarra, en donde se trabajaba y se convivía
antaño haciendo la parva, como sus dos lavaderos —en
concreto el de abajo también remozado—
forman parte de la riqueza etnográfica que se conserva por el desvelo de los
miembros de la Asociación cultural de Cástaras y Nieles. Los viejos tinaos,
las calles bastante bien conservadas o la iglesia de San Bartolomé del siglo
XVII son otros de los puntos de interés de este pueblo de 50 habitantes
abiertos y dispuestos a mostrarlo al visitante.
Los Morenos
La ermita de Los Morenos aparece de sopetón, pegada a la carretera del Guadalfeo, a la vuelta de una curva. Allí suele parar alguien a rezar un rato y continúa su ruta. Antigua cortijada que llegó a tener escuela, todavía hoy celebra sus fiestas a finales de mayo con una procesión que invade sin pudor la carretera, con misa solemne, fiesta nocturna, continuo toque de campanas y decenas de mandas en honor a la Virgen del Guadalfeo.

Incluido el 27-07-2007. Última revisión: 31-12-2007.
Copyright © Jorge García, para Recuerdos de Cástaras (www.castaras.net).
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