|
Aumenta |
Inicial |
Decrece |
LA ALPUJARRA
Sesenta leguas a caballo
precedidas de seis en diligencia
Pedro Antonio de Alarcón
«Día de mucho, víspera de nada», dice el adagio; y, en efecto, el día que se siguió á nuestra inolvidable correría por la orilla del mar constituye una especie de entreacto en la [presente historia] peregrinación á que íbamos dando término.
Por varias razones; por ser la clásica festividad de la Encarnación [del Señor]; por estar cansadísimos de tres jornadas consecutivas, y porque éranos indispensable preparar nuestro espíritu, nuestro cuerpo y nuestros caballos para la solemne expedición á los pueblos de Sierra Nevada, dedicamos aquel día al reposo, y á ordenar y guardar en el archivo de la memoria todo lo que hasta entonces habíamos visto y sentido en la Alpujarra.- Con esto; con oír misa; con rehabilitar al viejo ex-Carabinero, y con dar un paseo á pie por la rambla, se nos fueron sin sentir las horas del [25 de marzo] LUNES SANTO del año de gracia 1872, dejándonos ya que no recuerdos de exorbitantes aventuras, la plácida memoria de una paz y una tranquilidad impropias de esta desdichada vida.
[Por último] Á la noche nos obsequió el cielo con una magnífica tempestad, que duró desde las siete hasta las diez, y cuyos majestuosos truenos, repetidos por todos los montes y valles de la Contraviesa en retumbantes y prolongados ecos, simulaban el cañoneo más espantoso de que pueden tener idea los nacidos.- Era la propia tormenta que conjuró la noche anterior la súbita salida de la Luna....- [Por lo visto] ¡Indudablemente, los enconados elementos habían vuelto á encontrarse de manos á boca; y, no llegando esta vez la Tiple de los cielos á punto de meterse por medio y poner paz, habían desnudado los aceros y trabado aquella descomunal [contienda] refriega....
Yo no sé quién saldría vencedor, ni si llegaría á morir alguno de ellos.- Lo que sé es que, cuando nos acostamos, todo había concluido.... El más profundo silencio reinaba en la naturaleza, turbado solamente por el oficioso lloriqueo de las chorreras que afluyen á la Rambla; la Luna (diosa del lunes) se paseaba con la mayor calma por las soledades del ya despejado firmamento, sin darse por entendida de lo que había pasado.- ¡Y eso que el mar había sido uno de los combatientes! ¡Eso que el mar es su amante, como sabe todo el mundo! ¡Eso que la muy taimada había presenciado el fin de la refriega, oculta detrás de un cortinaje de nubes! ¡Eso que probabilísimamente ella habría tenido la culpa de todo!....- Pero la Luna es la Luna, y mi primo Pepe no le había dicho más que la verdad al insultarla la noche anterior tan descomedidamente.
Y es cuanto recuerdo del LUNES SANTO.
La Iglesia, por su parte, había conmemorado aquella mañana, en el Evangelio de la Misa, una de las últimas escenas de la vida del SALVADOR, -vida que ya tocaba á su fin mortal, á su complemento entre los hombres.
(A) La escena era la siguiente, según San Lucas, traducido por el Padre Scio, de quien por la tarde, á fuer de buenos católicos, nos complacimos en leer la autorizada y muy anotada versión, proponiéndonos hacer lo mismo los días siguientes hasta que terminase la Semana Santa....
El MARTES SANTO fué también día de pocos acontecimientos, ó mejor dicho, de pocas novedades; pero fuelo, en cambio, de grande, emoción y de inmensa expectativa en las filas expedicionarias....- ¡Era la víspera de la excursión aCádiar, y del asalto á la Sierra!
Á fin de emprender esta excursión y este asalto desde más cerca y con más horas útiles á nuestra disposición, aquel día nos trasladamos á Murtas.- Así quitábamos de en medio tres leguas que nos eran conocidas, e íbamos á dormir, como quien dice, á la frontera de lo desconocido.
No tengo, pues, para qué referir aquel nuestro segundo viaje de Albuñol á Murtas, el más tranquilo, descansado y racional de cuantos realizamos en la Alpujarra.- Básteos saber que lo emprendimos á una hora muy cómoda; que caminamos al paso que quisieron las bestias, y que no nos salieron al encuentro ni los moriscos, ni los Historiadores, ni los prehistóricos habitantes de la Cueva de los Murciélagos.
En cambio, vimos por doquier las huellas de la horrible tempestad de la noche anterior.
El día estaba regular, pero se nublaba á veces....; y aquellos nublos parecían síncopes de la naturaleza, -reminiscencias de su último sobresalto....
En las Angosturas notamos señales de haber pasado por allí mucha agua....- ¡¡Todavía daba miedo aquel sitio...!! -Olían como á pólvora.
La Encina Visa había perdido durante la tormenta infinidad de hojas y hasta gran parte de una rama ....- ¡La pobre no está ya para tales jaleos!
El intrépido mar, á la distancia que lo divisamos desde aquellas alturas, nos pareció dormido.- ¡Se hallaría descansando de la batalla!
El viento no respiraba siquiera....- Por lo visto, él había sido el muerto.- «No se movía el elemento»...., como suele decirse en aquel país.
En cuanto á la Sierra.... ¡ah! la Sierra, habíase vestido de limpio para recibirnos en toda regla al día siguiente.- Estaba, sí, recién nevada, y sus faldas de encaje bajaban hasta los pueblos en que debíamos andar las Estaciones el Jueves Santo....
Pero á propósito de faldas:
Aquel día iban con nosotros (en lugar de graves señores como otras veces) dos ó tres gallardos mancebos de Albuñol, en estado de merecer, los cuales llevaban en el ojal las primeras rosas de olor de la Costa, -destinadas, según entendimos, á tal y cual señorita de Murtas y de Sierra Nevada....
No tengo más que decir en este punto.... ¡Apreciad vosotros ahora, según vuestra edad, vuestro sexo y el estado sanitario de vuestra alma, todo el simbolismo de aquel mensaje que le enviaba la primavera al invierno; todo lo expresivo y tierno de aquel regalo que iban á hacer los ribereños del mar á las hijas de las perpetuas nieves, todo lo que significaban aquellas flores en manos de la gentil adolescencia!....
Consuélense, pues, los viejos.... y los filósofos.... y los desgraciados: -El mundo no lleva trazas de acabarse.- Afortunadamente para la poesía, para el Arte, para la propagación de nuestra especie y para la guerra, siempre habrá jóvenes nuevos, y por consiguiente amadas nuevas, nuevos madrigales, nuevos idilios, nuevos amorcillos que pintar, nuevas Venus que esculpir, nuevos casamientos y nuevos bautizos á que ser convidados, y nuevos mozos que entren en quintas cuando determine la Ley....
Alguien lo ha dicho:
.... .... .... .... .... ....
Al oscurecer llegamos á Murtas.
Ya estaban allí, procedentes de sus respectivos pueblos, otros amigos que debían [también formar parte de la expedición] acompañarnos á Cádiar y á la Sierra....
-En la Sierra está nevando.... (nos dijeron), pero el Sol se ha puesto por claro, y mañana hará buen día.
Á cuál noticia era mejor.
En Murtas nos aguardaba además, como siempre, la inagotable bondad de aquella obsequiosa familia que ya nos había albergado otras dos noches bajo su techo.- Pasamos, pues, las horas de la velada en la grata compañía de tanto buen amigo, y disponiéndolo y concertándolo todo para emprender la marcha á la mañana siguiente muy temprano; -después de lo cual, dimos fondo en el Puerto del Sueño...., situado entre el Continente del Olvido y la Isla de la Locura.
[Desembarcaron luego, en] Pasaron luego á ésta Isla nuestras almas, escapándose de nuestros cuerpos, y allí anduvieron vagando hasta el amanecer, [al arbitrio] rodeadas de fantasmas y monstruos [que la pueblan; quién de nosotros] más ó menos terribles; cual de ellas luchando con una pesadilla, negra como las panteras de Java; [quién] cual hablando con sus muertos queridos; [quién] cual persiguiendo ensueños de gloria, de justicia y de felicidad; [quién] cual en plácido coloquio con el dulce objeto de un amor imposible; [quién] cual, en fin, departiendo con la benigna muerte[, al otro lado de la tumba,] acerca de las cosas que [no se le alcanzaron en este globo llamado La Tierra como pudiera haberse llamado El Agua, ó La Piedra, ó Joaquina, ó California, -y al que Dios sabe cómo denominarán los habitantes de Venus...., si los tiene....] nunca acertó á comprensder en este infierno de la vida....
Quiero decir que nos dormimos y soñamos....
Pero antes de dormir y de soñar [cumplimos nuestros deberes de cristianos leyendo] leimos el Evangelio de aquel segundo día de Semana Santa.
La parte propia del Martes Santo, era este melancólico pasaje:
.... .... .... .... .... ....
¡Con qué majestad y con qué sencillez á un mismo tiempo se iba preparando la Epopeya de los siglos! (C)
Eran las ocho de la mañana. Llevaba el sol dos horas de estar sobre el horizonte, y nosotros habíamos andado ya una legua, ó sea la mitad del camino que media entre Murtas y Cádiar.
El día estaba magnífico.- Era uno de esos días puros, espléndidos, radiantes, que suelen seguir á otro de nevada, cual si el astro-rey los dedicase al placer de contemplar la nieve, de enamorarla, de seducirla, de hacerle reír y llorar á un mismo tiempo; -días solemnes y melancólicos, alegres y tristes, como el primero de la paz después de una larga guerra; como aquél en que Noé desembarcó del Arca; como el de la muerte de vuestro peor enemigo; como el del casamiento de vuestra última hija; como la convalecencia después de la Extrema Unción; como unas segundas nupcias; como la libertad tras el cautiverio; como la toma de posesión de una gran herencia; como el regreso á la patria; como la tardía hora de la justicia; como el del estreno de una pierna de palo, etc., etc.
Por encargo de los alpujarreños que iban con nosotros, hacía ya algunos minutos que nuestras miradas no se extendían más allá de las crines de los caballos, pues querían contemplásemos entero, de golpe, de una ojeada sola, en el momento crítico y oportuno, el sublime espectáculo que nos aguardaba....
Á la hora susodicha, este momento estaba llegando, y prueba de ello era que, después de haber bajado y subido muchas cuestas pequeñas, llevábamos un largo rato de no hacer más que subir....
De pronto observamos que ya no subíamos....
-¡Alto! (exclamaron entonces nuestros amigos). ¡Vista á la derecha! ¡Mirad ahora cuanto queráis!
Nosotros obedecimos y miramos....
Toda Sierra Nevada estaba ante nuestros ojos.
TodaSierra Nevada.... ¡toda!....; desde la base hasta las cúspides, sin colinas intermedias, y solamente separada ya de nosotros por las amplias y profundas cuencas de los pujantes ríos de Cádiar y de Yátor.- ¡Toda Sierra Nevada...., desde el boquete de Tablate, por donde entramos ocho días antes en el recinto alpujarreño, hasta más allá de Laroles, punto extremo á que se dirigía nuestra peregrinación!.- ¡Toda Sierra Nevada, extendiéndose de Poniente á Levante en una línea de once leguas, como un descomunal anfiteatro, en cuyo ciclópeo graderío se asentaban más de cuarenta pueblos!.- ¡Toda Sierra Nevada, monumento incomparable, alzado sobre inmensos pedestales de color de violeta, con su zócalo recamado de anchas franjas de [amenísima verdura] verdes siembras; hendido acá y acullá, de arriba abajo, por relucientes chorros de agua cristalina; cubierto á trechos de bosques que parecían bordados en las laderas de los barrancos, y blanca y resplandeciente al fin, desde su media altura hasta las excelsas cumbres, cual si fuera de bruñida plata! - ¡Maravilloso templo en verdad, levantado allí por el Creador para morada de las Cuatro Estaciones!
[A nadie sorprenda que nuestra admiración llegase á tal extremo] ¡Declarémoslo!.... ¡No basta haber visto á Sierra Nevada por el otro lado, esto es, por el lado de Granada, y de Guadix, para tener idea de su grandeza y de su hermosura!- Allí no hay modo de contemplar de una vez y á corta distancia toda la cordillera: allí no se presentan nunca de frente y en orden de batalla todas sus cimas.- Granada no ve más que el señorío del Veleta: Guadix nada más que el reino patrimonial del Mulhacén. ¡Ni la una ni la otra Ciudad descubre á un mismo tiempo todo el vasto imperio presidido por este viejo Rey! Entre el Mulhacén y el Veleta se interpone por aquella parte, á lo menos para el espectador, el formidable espolón ó contrafuerte que, adelantándose hasta el Molinillo, entiba en los cimientos de Sierra Arana, y aquel espolón separa el horizonte accitano del granadino, partiendo la perspectiva de la Sierra en dos mitades casi iguales....- Pero por el lado de la Alpujarra la antigua Orospeda se muestra de cuerpo entero, cabal, íntegra, desnuda, pródiga de sus encantos, - á la manera de deidad mitológica que, no recelando llegar á ser vista, discurre...., como su madre la parió, ó sea en cueros vivos (¡las cosas claras!), por los sagrados bosques.... [de la Literatura y del Arte.]
Así es que en aquel punto y hora quedó satisfecha por completo mi curiosidad de tantos años acerca de cómo sería Sierra Nevada por la banda del Sur, y formé completo juicio de la forma, estructura y respectiva proporción de sus ingentes moles....
[Con que prosigamos nuestra descripción] Alzado sobre aquel desmesurado catafalco, cuya magnificencia tenía algo de fúnebre y mucho de triunfal, enseñoreábase el Mulhacén en perpetua apoteosis, sin reconocer otro rival en Europa que los formidables Alpes....- ¡El Mulhacén!.... No hay palabras ni habría pincel con que poder dar idea de la pureza inmortal, de la transparencia empírea, de la claridad seráfica, con que se destacaba allí la nieve sobre el cielo. Lo blanco y lo azul, al demarcar sus plácidos límites y trazar el nítido perfil de la suprema cima, se regalaban mutuamente unos resplandores tan suaves, ó casaban de tal modo la candidez con la limpieza, la inocencia con la [claridad] diafanidad, lo inmaculado con lo infinito, lo reciente con lo eterno, lo intacto con lo intacto, que parecíame tener ante los ojos la realidad inefable de cuanto soñó Murillo al vestir de azul y blanco sus Purísimas Concepciones.
Yo no sé en qué consistiría, como razón física ó moral, lo que acabo de intentar decir: no sé si en que la silueta de la Sierra se proyectaba sobre el mágico turquí del cielo que más amo en el mundo; no sé si en que yo estaba acostumbrado á mirar aquella silueta de Norte á Sur, y á la sazón la miraba de Sur á Norte (lo cual determina siempre un cambio en el tono de los celajes recortados por las nieves): no sé si en que aquellos días empezaba la Primavera: no sé si en que era Miércoles Santo: no sé, en fin, si en que uno va ya para viejo.... Lo que sé únicamente es que aquel ósculo purísimo que le daba la nieve al cielo tuvo para mí en tal instante algo de extraordinario y sobrenatural, que en vano intentaría definir una pobre pluma....
Mons Solis (Monte del Sol), y de aquí Solaria, denominaron también los romanos á la que oficialmente llamaban Orospeda.- Lo de Solaria ó Mons Solis referíase sin duda á que el Sol ilumina y deja de iluminar sus crestas media hora antes de haber salido y media hora después de haberse puesto para todas las comarcas adyacentes.- De lo de Orospeda no recuerdo el origen.
Los Árabes corrompieron el nombre de Solaria y llamaron á Sierra Nevada, ora Solair, ora Xolair; mientras que los españoles cristianos de la Edad Media, entre ellos D. Alonso el Sabio, descompusieron erróneamente el Solair de los Moros y apellidaron á aquella cordillera la Sierra del Sol y el Aire (Sol-air) 1.
«Maravilla de la tierra, de donde brotan treinta y cuatro ríos y arroyos», llámala el gran poeta mahometano-andaluz lbn-Aljathib, en la introducción á la Yhatha.- «Madre de Andalucía», la llamé yo en la primera parte de este libro.- «Venere genitrice» la llamo ahora en italiano....
Pero sigamos describiendo.
Á la izquierda del Mulhacén gallardeaba el Picacho de Veleta, virrey de Lanjarón y de Órgiva; señor feudal de Granada; presunto heredero de la corona de Sierra Nevada, y digno ciertamente de su tratamiento de Alteza (¡era tan alto!); -así como el Mulhacén (por ser mayor) merecía á todas luces el de Majestad.... (Major.- vel magis, sive magé.)
Otras respetables cumbres descollaban en la gigante cadena: verbigracia, la Alcazaba, Tajos Altos, la Caldera, el Cerro de los Machos, el Pico del Almirez, etc.; y por cierto que nos dolió muchísimo que estos Infantes [(que diríamos en España)] no tuviesen unos nombres más poéticos y graciosos.... -En cambio, hubimos de reconocer que ninguno desmentía su estirpe, pues todos ellos medían de 12 á 12.300 piés [de altura] sobre el nivel del mar.- Del Veleta ya hemos dicho que se alza 12.680.- Y, por lo que toca al Mulhacén, pasa de los 12.800; [que es, como si dijéramos,] lo cual equivale, en términos modernos, á tres kilómetros y medio de estatura.
Y luego añadía:
Y terminaba diciendo:
Lo mismo digo hoy; -y ateniéndome á esta última observación, y para que volváis á venerar la Sierra alpujarreña, agregaré ahora: que, aunque finita, su altura casi dobla la del Guadarrama 2, tan respetado por los matritenses; y que, ya que no de otra cosa, el Mulhacén y el Veleta pueden jactarse de que (según ya he dicho varias veces) ni en el resto de España ni en el resto de Europa haya otros montes tan altos como ellos, fuera de sus progenitores los Alpes....- ¡Algo es algo!
Por lo demás, y volviendo á nuestra contemplación, los titanes de hielo de la Alpujarra no gozaban aquella mañana en su encumbrado solio de toda la seguridad que pudiera suponerse....- Lejos de ello, ¡en qué se veían de tener á raya á los pueblos que se les subían á las barbas por todas partes, sin consideración alguna á la nieve de los siglos!
Sobre todo, á orillas del consabido Barranco de Poqueira la cosa parecía muy formal....; bien que al propio tiempo ofreciera un aspecto muy cómico, -según que ya habíamos observado más detalladamente desde el Puerto de Jubiley.... ¡Figuraos que, hacia aquella parte, trepaban por lo alto de una vastísima ladera, casi vertical, uno detrás de otro y convenientemente distanciados (que diría un militar puro), tres ó cuatro lugarcillos, con sus campanarios á la cabeza, todos en dirección al mismísimo Picacho como batallones escalonados en masa que fueran al asalto de la nevada cúspide!....
Aquellos batallones (digo, aquellos pueblos) debían ser Pampaneira , Bubión, Poqueira y Alguástar.- Algo más cerca, veíamos gatear por otra ladera arriba, con un intento análogo, y á mucha mayor altura, al famoso Trevélez, llevando en pos de sí toda la Taha de Pitres....; pero estos otros escaladores no podían inspirar ya tanto cuidado, pues tenían que habérselas con la inaccesible mole del Mulhacén.- Por último: enfrente y á nuestra derecha se descubrían, en ademan más pacífico (y como grupos de espectadores sentados en las gradas de aquel descompasado anfiteatro), unos veinte pueblos más, entre los cuales se contaban todos aquéllos en que habíamos de andar las Estaciones al día siguiente....
Sí; allí estaban: primero,Busquístar, Tímar, Lobras y Jubiles; -luego, los Dos Bérchules, en una extraordinaria altura; -debajo de ellos, Yátor, mirándose en su río; -encima, Yegen (donde dormiríamos aquella noche), chico y verde como un oasis; -en seguida, Mecina de Bombaron, el pueblo de ABEN-ABOO, -y enfrente VÁLOR, el señorío de ABEN-HUMEYA; -más al Este, Nechite; -a sus pies, Mecina Alfahar; -allá arriba, Mairena; á continuación, Júbar; -más alto aún, Laroles; -y, sobre Laroles, el Puerto de la Ragua, temeroso tránsito al horizonte de Guadix; -y debajo de Laroles, Picena; -y debajo de Picena, Cherin, ya casi en la llanura; -y allí la cuenca de un río, prolongación de un inclinado barranco; -y, al otro lado del barranco, la provincia de Almería, representada por Alcolea, Lucainena y Darrícal, que ya pertenecen á Sierra de Gádor; -y, entre Sierra de Gádor y Sierra Nevada, la entrada del alto llano del Laujar, de la Taha de Andarax, de la residencia de BOABDIL, del ZAGAL, de CID-HIAYA y de ABEN-HUMEYA; ¡del lúgubre escenario donde este último encontró tan desdichada muerte!
Nada más lejos de mi ánimo que describir aquí el aspecto particular de ninguno de los lugares citados.- ¡Fuera cuento de nunca acabar!.... -Ya iremos á algunos de ellos....; y, por lo que toca á los restantes, habréis de contentaros con saber su nombre y su situación....- Mas no puedo prescindir de hacer desde luego especialísima mención de cierta ilustre Villa que contemplábamos en aquel momento á una gran distancia, y que habíamos de visitar dos días después.- ¡Ugíjar, la antigua ciudad, la verdadera metrópoli de la Alpujarra, acababa de aparecer también á nuestros ojos, pero no encaramada en un monte, ni escondida en una rambla, ni opresa en un barranco, como los demás pueblos de aquel enmarañado país, sino aristocráticamente extendida al pie de la Sierra, en un terreno casi llano, en medio de una tierra feracísima, con su horizonte propio, cercado de montañas ajenas, y, en fin, ni más ni menos que las poblaciones del mundo!
El más impaciente, deseo de visitar á Ugíjar nos acometió en aquel instante, al hacernos cargo de su situación, y necesario fué todo nuestro respeto á los itinerarios preestablecidos, para que dejásemos transcurrir todavía dos soles antes de pasear nuestros corceles y mulos por su encantadora campiña y mansas calles.... -En cambio, había llegado el momento de dirigirnos á dos pueblos que no figuran entre los que acabamos de citar; á dos pueblos que no descubríamos desde aquel viso, precisamente porque eran los que más cerca se hallaban de nosotros; á Cádiar y Narila, en suma, que, como quien dice, estaban escuchando la conversación....
Cádiar, patria y residencia habitual de D. FERNANDO el Zaguer, y algunas veces corte del mismo ABEN-HUMEYA; y la diminuta Narila, que, según veremos, viene á ser como el Trianon de aquel Versalles, quedaban escondidos en lo hondo del foso que nos separaba de la Sierra y tapados por algunos montículos que se prolongan entre los lechos del Cádiar y del Yátor....
-¡Bajemos á Cádiar! -gritose en las filas luego que hubimos saciado nuestros ojos en la contemplación de la gran Cordillera.
-¡Sí!.... ¡sí!.... ¡Bajemos á Cádiar! -repetí yo, pasando de una devoción á otra, ó sea recordando que en Cádiar principia el terrible drama intitulado «Aben-Humeya», escrito por el ilustre Martínez de la Rosa.
Pero antes de bajar y de convertir por ende mi atención á los espectáculos humanos, torné á abarcar con la vista el espectáculo divino de la Sierra, á la cual pedí perdón de todas las puerilidades humorísticas que solía deducir de su aspecto verdaderamente augusto.... Y la Sierra, con la sublime serenidad de su excelsitud, diome á entender que ella está fuera del alcance de toda irreverencia mundana, y que no se había enterado siquiera de que yo andaba por el mundo....
Entonces fué cuando verdaderamente sentí todo el peso de su poderío; y no sin terror pensé que á la tarde mediríamos nuestras débiles fuerzas con las suyas [y correríamos por] al escalar sus inconmensurables laderas como hormiga que se aventura á curiosear por el lomo de un elefante.
Bajando hacia Cádiar, pasamos por el renombrado Portel.
Llámase así una encrucijada de cuatro veredas, ó más bien de dos (la que sigue el correo para ir de Órgiva á Ugíjar y la que va de la Costa, al promedio de la Sierra), que se cortan en ángulo recto en una depresión de la divisoria que baja del Mulhacén y que separa los ríos de Cádiar y de Yátor....
El Portel es, por consiguiente, la posición más estratégica que se pudiera desear para una emboscada; y harto lo han comprendido en todos tiempos desde los guerreros de mayor nombradía hasta los simples malhechores; desde el Marqués de Mondéjar hasta los Monfíes; desde ABEN-HUMEYA y ABEN-ABOO hasta las partidas de ladrones de la época presente (o, mejor dicho, de la época de nuestros padres; -pues hoy no se oye hablar de robos en la Alpujarra).- Pero la fama del Portel no disminuye por eso; y todo el mundo pasa por aquel sitio, como nosotros pasamos, -evocando las inultas sombras de tantos como lo habrán regado con su sangre en pugna religiosa, en guerra de independencia, en lucha civil ó á manos de vulgarísimos bandoleros....
.... .... .... .... .... ....
Fuera ya del triste paraje, descubrimos un horizonte desahogado y riente, olivares inmensos y un sonoroso y espumante río.... -¡Nos acercábamos á Cádiar!
No faltó quien nos indicase entonces cuál de los vetustos olivos que vimos en los alrededores del lugar era segurísimamente la famosa olivera á cuya sombra, según los historiadores, fué coronado ABEN-HUMEYA Rey de Granada....- Sin embargo, nosotros, en la duda de si habría alguna equivocación de por medio, saludamos aquel árbol de una manera equívoca.... y continuamos nuestro camino.
Á todo esto, ya no se veía el Mulhacén.- Habíamos bajado tanto para llegar á lo hondo de la cuenca que separa á Sierra Nevad á del resto de los montes alpujarreños, que otras alturas de segundo orden nos impedían, como más próximas á nuestras narices, divisar las cumbres verdaderamente soberanas....- Tampoco las divisamos luego desde Cádiar....- Es decir, que al Mulhacén se le distingue á una distancia de sesenta leguas; se le distingue desde la Mancha; se le distingue desde el Estrecho de Gibraltar; se le distingue desde el interior del Imperio de Marruecos.... ¡y no se le ve desde el humilde pueblo en que nace!....
Nemo propheta est in patria sua.
Poco después de las nueve llegamos á Cádiar.
El aspecto de este lugar.... (¡asombro causa que ni siquiera sea villa, cuando tantas ciudades quisieran tener su historia y su hermosura!....) -el aspecto de Cádiar, digo, es de lo más pintoresco, noble y principal que puede darse, partiendo siempre del principio de que se trata de una población de 2.354 almas.... Más que un pueblo agrícola y ganadero (y no es otra cosa), parece lo que fué hace trescientos años; una residencia de príncipes, una mansión de placeres; un Aranjuez, un Versalles, una Capua....
Todo esto, se entiende, visto por fuera, y considerando en conjunto, como nosotros consideramos ahora, sus grandes casas rodeadas de huertas y jardines, sus oscuros olivares, su refulgente río, sus floridos campos, la poética bruma que se resistía á dejar las alamedas, el radiante azul del cielo á que no lograba subir aquella bruma, y el alegre sol que plateaba las cercanas nieves, doraba los edificios, relucía en las aguas, argentaba la misma niebla y convertía en penachos de colores las columnas de humo de los hogares....- Visto después por dentro, Cádiar nos pareció lo que cualquier otro pueblo campestre de su categoría estadística....
Sin embargo, aún entonces, encontramos algunas casas tan majestuosas, otras construidas en situación tan á propósito para gozar de los encantos del Valle y de la Sierra, sobre todo, tan cuidadosamente rodeada de huertas y jardines, y tan en contacto con un carmen ó huerto, cercado de muros que servían de sostén á lujosas parras...., que Cádiar, siguió siendo el Cádiar de mi fantasía, y todos los personajes históricos que pululaban en mi memoria tuvieron holgado albergue en que alojarse.
¡En cuanto á nosotros, éramos esperados precisamente en aquella gran casa de las huertas y los jardines!....- Una vez en ella, y no bien hubimos contemplado sus amplias y bien dispuestas habitaciones, disfrutado de sus deliciosas vistas sobre el Valle y sobre las faldas de Sierra Nevada, y recorrido el jardín de los lujosos parrales (todo ello antes, al mismo tiempo y después de ser remediados con un exquisito almuerzo por el noble señor que allí vivía y á quien Dios recompense [el bien que nos hizo] tanta liberalidad, así como á sus gallardas hijas, á sus diligentes hijos y [á todos sus] demás deudos [las atenciones que nos prodigaron]); una vez, digo, que formé completa idea de la ventajosísima situación que ocupaba aquel edificio para poder gozar á un mismo tiempo de la sociedad y de la soledad, del trato de los hombres y de los placeres del campo, no me cupo ya duda de que estábamos en una casa construida sobre los cimientos de aquélla en que nació y vivió casi siempre el opulento D. FERNANDO el Zaguar, ó sea Aben-Xaguar, tío y protector del REYECILLO....
No soy yo dado á esta clase de conjeturas; pero en la ocasión á que me refiero, tenía la evidencia de no equivocarme. [En efecto,] Ningún otro sitio hay en Cádiar, que pudiera haber preferido para edificar su morada un príncipe tan poderoso, espléndido y sibarita como el Zaguer; ninguno más adecuado para asiento de un palacio al gusto de los Moros; ninguno más apartado y más seguro á un tiempo mismo; ninguno más deleitable y solo, al par que más confundido en apariencia con el resto de la población....- Y, por lo demás, todos los árboles seculares de aquellos hermosos huertos que rodean la casa eran otros tantos mudos testigos, prontos á declarar en favor de mis sospechas....
Si, pues, aquélla había sido la mansión de don FERNANDO el Zaguer, y á éste lo heredó ABEN-HUMEYA, como aseguran las historias, ¡estábamos en una de las casas del Rey alpujarreño...., y hasta ¡quién sabe si en la que sirvió de escenario á la segunda de las tres lúgubres tragedias que forman la trilogía de su destino!....
La primera de estas tragedias nos es ya conocida: fué aquélla que tuvo por desenlace el bárbaro tormento de ABEN-ABOO.- La tercera, en que ABEN-HUMEYA muere con la augusta tranquilidad de los personajes de Esquilo, nos aguarda más adelante.- Ahora vamos á presenciar la segunda, cuyo lastimoso argumento es la desastrada muerte de Muley Carime ó sea de Miguel de Rojas, padre de la primera -y única legítima -esposa del REYECILLO.
No fueron empero los Historiadores quienes aquella vez nos ayudaron á rasgar los velos del tiempo y resucitar lo pasado....- (Los Historiadores tratan aquel misterioso suceso á medida de su mayor ó menor aversión á los Moriscos.... [cuál lo recarga de negras tintas; cuál pasa sobre él rápidamente; cuál lo atenúa con generoso criterio; cuál llega casi hasta admirarlo....
] - Según unos, el mismo ABEN-HUMEYA asestó el primer golpe contra su suegro; según otros, lo mandó matar; según otros, y según la tradición, lo indujo á que se matara con su propia mano....) - ¡Un poeta.... va á ser hoy nuestro asesor y guía!
Pero cuenta que ese poeta es el primer escritor granadino del siglo XIX; es nuestro venerable y llorado maestro; era, en fin, [D. Francisco] Martínez de la Rosa; -el cual, después de haber leído todas las crónicas de la Alpujarra y de estudiar maduramente las circunstancias del presente caso, lo expone y analiza con gran elevación de juicio en su ya citado drama Aben-Humeya. -Cierto que, obligado por las exigencias del arte, altera el orden y sucesión de varios hechos, y además nos presenta al REYECILLO muy fiel á su primitiva esposa, cuando ya sabemos lo que pasaba en este punto, y le supone una hija adolescente, que mal podía tener á la edad de veintitrés años; -pero nada de esto impide que las causas del parricidio estén allí dilucidadas magistralmente y con severa imparcialidad histórica.
Hojeemos, pues, su admirable drama, sin perjuicio de oír luego á los principales cronistas, cuando se trate de la consumación material del crimen.... sacrificio.... ó lo que fuere, llevado á cabo por ABEN-HUMEYA.
El teatro representa una caverna. (Esto es de rigor escénico para conspirar.)
Es el día de la proclamación de D. FERNANDO DE VÁLOR como Rey de Granada y de Córdoba.
El ALFAQUÍ ó sacerdote musulmán, ha arengado á los moriscos, y luego añade:
Paréceme que esto basta como dibujo de los caracteres.
En el Segundo Acto, el teatro representa la Plaza de Cádiar.
Es la terrible Nochebuena de 1568, la noche de la matanza de los cristianos de aquel lugar por los implacables Monfíes.
MULEY CARIME, el suegro de ABEN-HUMEYA, acaba de salvarle la vida á un muchacho, y tres de los feroces asesinos están censurando aquel hecho del antiguo MIGUEL DE ROJAS.- He aquí sus palabras:
ABEN-ABOO y ABEN-FARAG, los dos mortales enemigos de ABEN-HUMEYA, entran en la plaza; oyen aquellas palabras, y pregunta
Se van los tres Moriscos, y ABEN-ABOO le dice entonces á ABEN-FARAG estas filosóficas palabras:
La equívoca conducta de MULEY CARIME, llamado MIGUEL DE ROJAS entre los cristianos; sus inteligencias con el Capitán General de Granada: sus trabajos para impedir el progreso de la rebelión, etc., etc., proporcionan muy luego á ABEN-ABOO y á ABEN-FARAG la ocasión que buscaban de asestar el golpe de muerte á la popularidad del REYECILLO.
Leamos [ahora la admirable escena que constituye el nudo de aquel enredo pavoroso
].
Es el Tercero y último Acto del drama.
ABEN-ABOO y ABEN-FARAG se presentan á media noche en la cámara real, donde tenían siempre libre acceso, y, avanzando «con paso lento y misterioso», cada uno se coloca á un lado de ABEN-HUMEYA.
Tal y tan horrible fué la situación en que ABEN-HUMEYA llegó á verse. Todos los historiadores están de acuerdo en ello. MIGUEL DE ROJAS, su suegro, apoderado y tesorero general, era traidor á la causa de MAHOMA, que tanta sangre y tantas lágrimas estaba costando ya á los moriscos, y que él, como descendiente del Profeta y Rey alzado por millares de guerreros, tenía la obligación de defender antes que nadie....
[Hasta aquí, pues, y prescindiendo de accesorios literarios, la Historia y el drama, se dan la mano completamente.-
] Veamos ahora los sentidos términos en que el triste caudillo se definió aquella situación luego que se encontró solo.- Son fragmentos de un monólogo en que Martínez de la Rosa revela todo su talento dramático.
.... .... .... .... .... ....
(F) Hemos llegado á la gran escena del drama.- Leedla íntegra, os lo aconsejo; tanto más cuanto que en nada se opone a la verdadera histórica.
.... .... .... .... .... ....
Hasta aquí Martínez de la Rosa. Lo que sigue después es pura invención suya, y está en contradicción con lo que las historias refieren acerca de las causas que motivaron la muerte de ABEN-HUMEYA y sobre las circunstancias del hecho en sí.
Tampoco aparece en ninguna parte que la muerte que éste dio á Muley Carime fuese la que acabamos de ver; pero el que fuera una u otra no importa nada al propósito con que he copiado las anteriores escenas. Lo que yo he querido probar es que ABEN-HUMEYA, considerado desde el punto de vista de su posición, de sus compromisos, de sus juramentos, de sus deberes, tuvo la misma obligación de matar á su suegro que Lucio Junio Bruto de condenar á sus hijos, que Felipe II de procesar al suyo, y que Guzmán el Bueno de hacer lo que hizo por su religión y por su patria; y eso creo haberlo probado enteramente.- El poeta, el dramaturgo, no me ha suministrado más que su elocuencia para definir y analizar el tremendo caso; pero el caso, esto es, la traición de Muley Carime, consta, como ya he dicho, en las páginas de la Historia.
Hurtado de Mendoza no dedica á todo este asunto más que las siguientes líneas:
Finalmente, Mármol, que siempre deprime cuanto puede el carácter de ABEN-HUMEYA, refiere de este modo la consumación del sacrificio ó castigo del cuitado Miguel de Rojas:
Toda esta relación podrá ser exacta; pero hay un punto en ella que me resisto á creer, y es lo de la saeta disparada por el REYECILLO contra Muley Carime.- Semejante acto desdice del carácter aristocrático y caballeresco de ABEN-HUMEYA. Antójaseme, pues, que lo inventaron sus enemigos, y que Mármol se apresuró á consignarlo para rebajar la siempre artística figura del descendiente de MAHOMA. Aun así, observad que, en medio de todo, resulta que éste no llegó á herir por sí mismo á su suegro....- Convengamos en que únicamente «lo mandó matar» como dice el veraz y austero Hurtado de Mendoza.
Y de cualquier manera, á bien que á nosotros no nos alcanza responsabilidad alguna en aquel suceso.... ni nos hemos propuesto hacer el panegírico del yerno de Muley Carime.- ABEN-HUMEYA estaba muy lejos de ser un santo: antes era un desenfrenado libertino, á cuyo lado no había mujer segura, como fuera guapa, según veremos pasado mañana al estudiar las verdaderas causales de su muerte....- Además: á la hora que es, Miguel de Rojas hubiera fallecido ya de todos modos....- ¡Han pasado tres siglos de reloj desde que le descubrieron sus manejos! -Y, en fin, en el Valle de Josafat se liquidarán todas estas cuentas.
Montemos, pues, á caballo: despidámonos de la encantadora Cádiar, y trasladémonos al próximo lugarcillo de Narila.
En Narila (576 habitantes) [que, como ya dije, viene á ser un delicioso apéndice de Cádiar -de la cual dista dos ó tres kilómetros-
] sólo estuvimos una hora.
Casi toda ella la pasamos con el [señor] Cura [del lugar], quien se hallaba en la iglesia disponiendo el monumento para el día siguiente (JUEVES SANTO), sin miedo alguno á los sectarios de MAHOMA (que ya llevaban más de trescientos años de no parecer por la Alpujarra), y satisfecho y agradecido á Dios de que todavía no se hubiese encarnizado en sus ovejas otro enemigo de la fe, muy más fiero y temible hoy que los moros: el llamado monstruo de la impiedad [y el racionalismo] (Fueron sus palabras).
La conversación sobre este punto salió á propósito de unos retratos de D. FELIPE EL HERMOSO y de DOÑA JUANA LA LOCA, fundadores de aquel templo, y que por ende [vimos] figuraban en el retablo del Altar Mayor.
-¿Cómo se salvarían estos retratos y este retablo de las sacrílegas devastaciones de los Monfíes?, -le preguntamos al señor Cura.
-¡No sé! ¡Muchas veces me lo he preguntado á mí propio! -nos respondió el padre de almas.
-Y es tanto más extraño (repusimos nosotros), cuanto que aquí mismo, dentro de esta iglesia, aquellos barbaros mataron á su antecesor de V., que se llamaba Cebrián, y á todos los cristianos de Narila.
-Ya lo sé, -respondió el señor Cura.
Y de aquí provino todo lo demás que hablamos, cuyo tema fué: investigar qué era peor; si el fanatismo y los errores religiosos de los [musulmanes] africanos y asiáticos, ó la indiferencia y descreimiento absoluto de los filósofos del siglo XIX.- Todos convinimos en que esto era peor que aquello para la propia dignidad del espíritu humano ó de lo quier que sea la conciencia del hombre.
Por cierto que, entre las cosas que allí se contaron, fué una el martirio del Cura de la villa de Félix, durante la propia rebelión de 1568; martirio tan noble y tan privilegiado, que nunca pudo ensoñarlo mejor el alma seráfica de un paladín de Cristo....
Escuchad, aunque seáis incrédulos, y sentiréis lo que yo sentí; esto es; sentiréis envidia del martirizado, suponiendo que el martirizado no fuera también incrédulo.
Los [feroces] Monfíes despojaron de sus ropas al digno sacerdote, y lo persignaron con unas cortantes navajas, diciendo así: «POR LA SEÑAL.... DE LA SANTA CRUZ....» (y le abrieron una sangrienta cruz en la frente) «DE NUESTROS.... ENEMIGOS....» (y le cruzaron la boca con otras dos heridas) «LÍBRANOS, SEÑOR, DIOS NUESTRO....» (y le rasgaron el desnudo pecho de alto á abajo y de un lado á otro), «EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO....» (y hendieron sus carnes á todo lo largo y ancho de su cuerpo).
-AMÉN, -dijo el mártir; y cerró los ojos á esta vida.
.... .... .... .... .... ....
Había llegado el momento de que los apartásemos también nosotros de las cosas de este valle de lágrimas.... y de todos los valles habidos y por haber.
Quiero decir: había llegado el momento de que emprendiéramos la ascensión á Sierra Nevada, donde debíamos pasar el resto del día, á solas con la augusta naturaleza, en la vecindad del cielo y en íntimo coloquio con el Criador de Moros y Cristianos, de deístas y de ateos y de todas las demás variedades del humano espíritu....
Emprendímosla efectivamente....; pero no habíamos subido el primer escalón de la Cordillera, cuando nos encontramos en otro alegre y pintoresco pueblecillo, todavía perteneciente al Valle más que á la Montaña....
Era Yátor, lugar de 717 almas, situado á orillas de su impetuoso río; Yátor, cantado por Zorrilla en su Poema de Granada; Yátor, muy digno ciertamente de tan gloriosa mención y de que nosotros nos hubiéramos detenido en él....
Pero ya era imposible resistir más tiempo á la atracción de la gran Sierra....
-¡Arriba! ¡arriba!....- resonaba á todo lo largo de la cabalgata....
¡Arriba! ¡arriba! os digo yo á mi vez en el presente instante....- ¡Sursum corda! ¡Subamos llenos de religiosa unción las gradas del inconmensurable templo que tenemos ante la vista!
(Capítulo copiado literalmente de las notas de mi cartera de viaje.)
.... Lo imponente, lo terrible, lo asombroso, principia desde nuestro primer paso.

Lámina XII
....el tal camino se convierte luego en sendas de palomas....
No bien hemos echado á andar, ya estamos escalando la gigante mole, y sus ciclópeos estribos nos presentan escalonadas las recias olas de arcilla y de arena que hace miles de años están bajando sin cesar de los flancos de la Sierra á impulso de los aluviones.
Nuevas cadenas de enmarañados cerros han nacido á sus pies, formadas con aquellos enormes arrastres. Los impetuosos ríos se llevan además continuamente otra inmensa cantidad de arena y de arcilla que va á sumergirse en el fondo del mar; y, sin embargo, la antigua Oróspeda no se desgasta, al parecer: sus mermas no se notan: diríase que su corpulencia no disminuye....- ¿Es que las montañas viven, crecen, se renuevan como los seres orgánicos? -¿En virtud de qué ley, más fisiológica que geológica? -¿Ó es meramente que nosotros no podemos apreciar su decrecimiento, su lenta ruina, y llegará una época en que no exista Sierra Nevada; en que sus pizarras y calizas se hayan derretido, al modo que hoy se derriten sus nieves? -¡Qué sé yo!....; lo cual es mejor que saber lo cierto, como indudablemente lo sabrán los geólogos.
Pero ¡véase cuán audaz es la fantasía humana! ¡Apenas hemos puesto el pie en la Sierra, y ya la hemos destruido completamente; ya la hemos reducido á polvo; ya la queremos borrar del mapa.... ¡Donosa manera de principiar su apología, de dar una idea de su excelsitud, de reverenciar su magnificencia!
Por fortuna, ella sabe defenderse á sí propia y poner respeto al más atrevido caminante.- Mirad, si no, estos abismos que nos rodean, y vedlos llenos de colosales agujas, pirámides, obeliscos y todo [orden] género de monumentos puntiagudos....- ¡Son trabajos de Hércules del Agua infatigable, dedicada siglos y siglos á impedir que esos abismos se terraplenen! Semejantes monumentos no se han formado por acumulación ó agregación ó concreción de materia, sino por desbaste paulatino: cada una de esas inmensas estalagmitas ha sido esculpida por el cincel de los torrentes y labrada luego por el buril de las mansas lluvias: son como aquellos monotes llamados por los franceses damas y que los españoles llamamos testigos, para indicar la antigua altura del terreno. Todos agrupados, ofrecen el aspecto de una catedral gótica, cuyos agudos chapiteles contemplásemos á vista de pájaro.
De la propia suerte, estas angostísimas calzadas que ligan unos estribos con otros, y por las cuales caminamos con tanto miedo, semejan largos botareles [lanzados por el espacio para] encargados de sostener el empuje de las lomas superiores, ó más bien istmos que separan dos profundas simas, predestinadas á formar con el tiempo una sola. (G)
.... .... .... .... .... ....
Ya estamos á una respetabilísima altura....; pero todavía no es tiempo de volver de cabeza para admirar los panoramas que se van desarrollando debajo de nosotros.... Aquí fué sin duda donde exclamó el poeta alpujarreño:
¡Salve! ¡Ya pisamos nieve!.... Pero es nieve de estos últimos días: no es nieve perpetua.- ¡Aún llega aquí el imperio de Flora, Céres y Pomona! Aún hay también pueblos en estos alrededores y á este mismo nivel....
Por ejemplo: ved allí, á nuestra izquierda, el diminuto y frondoso Yégen, adonde bajaremos á dormir esta noche, después de haber hollado los eternos hielos.... [Saludémoslo, pues, ya con cariño.
]- Considerado desde aquí, se diría que es un ramo de flores y olorosas hierbas depositado por un amante en el regazo de la blancaSolair.
Y aún aquí mismo.... ¡ved todavía qué rozagantes lirios silvestres se atreven á abrir sus azulados cálices en las hendiduras de las rocas! ¡Ved qué infinidad de graciosas y aromáticas plantas! -Todo exhala ya el vigoroso olor de las grandes Sierras [andaluzas]; olor á salud y vida; olor á la savia inmortal que su corazón, siempre joven, reparte luego por [felicísimas comarcas] las llanuras en ocultos veneros ó en descubiertos ríos....
exclamaba Lirola.... tal vez en este propio sitio.
Porque, en efecto: encinas, espinos y sauces figuran en el magnífico arbolado que estamos viendo, además de nogales, almeces y cuantos árboles enumeramos en Lanjarón.- Sólo sigue faltando el tétrico pino, símbolo obligado de las montañas septentrionales, que, por lo visto, no se ha acomodado á vivir en esta gozosa Cordillera, [resplandeciente de luz y de alegría. Pero su] de cuya verdadera frondosidad, asombrosa en una altura tan extraordinaria [como la que ya tocamos, debemos admirarla en estos] únicamente puede formarse cabal juicio en los colindantes barrancos, verdes y deliciosos como otros tantos paraísos terrenales.
¡Ah! Repitámoslo: el Sol puede más que la Sierra. La Sierra no tiene aquí su espada.... la terrible espada de todas las Sierras, que es el aire del Norte.- Por el contrario: la noble Oróspeda sirve aquí de escudo á una primavera continua, impidiendo que la hiera el cierzo con su agudo puñal de dos filos!
.... .... .... .... .... ....
Sin embargo.... principia á refrescar: quiero decir, principiamos á helarnos.- Estamos en las regiones del perpetuo invierno....
Ya no descubrimos más que nieve por todas partes....
La alta vegetación se ha despedido de nosotros....- Ya no se ve un árbol por ningún lado....
Nadie puede pedirnos que subamos más.... ¡Para estar en marzo y al día siguiente de una nevada, ya hemos subido bastante.... demasiado tal vez!
Nos encontramos indudablemente á la misma altura en que Lirola exclamó con acento medroso:
¡No obstante lo cual, el poeta de Dalías siguió adelante!....
Pero él viajaba en Julio, y se dirigía al Picacho de Veleta: mientras que nosotros no vamos por aquí á parte alguna, , pues el Mulhacem es ahora inaccesible, ni sabemos ya por dónde meter los caballos, que no se los trague la nieve....
Hagamos, pues, alto: volvamos la cabeza, y contemplemos el mundo de los hombres.
Estos cuatro versos son el resumen de lo que llegó á ver Lirola.
Nosotros debemos confesar que no vemos tanto.
Verdad es que Lirola hablaba ya desde elVeleta, y nosotros estamos únicamente á media ladera del Mulhacén....
No vemos, pues, el océano Atlántico....- Pero vemos una extensión inmensa del Mediterráneo; vemos la costa de África, desde el Estrecho de Gibraltar hasta los confines de Argel; vemos las nevadas cumbres del Atlas, del monte gemelo de esta Sierra; vemos bordado en el agua azul todo el litoral antártico de nuestra gran Península, como no es fácil verlo sino en un mapa; y vemos, en fin, toda la Alpujarra á nuestros pies, -más ampliamente que desde la cumbre de la Contraviesa, puesto que nos hallamos á mucha mayor altura; -pero mostrándose á nuestros ojos de la misma manera que entonces, es decir, como un mar cuyas olas son cadenas sucesivas de encrespados cerros, como un mar que se hubiese petrificado de pronto en medio de una furiosa tempestad....
De todo esto lo que más nos sorprende, seduce y enamora, es la tierra de África....- ¡Cuán clara y distintamente se percibe á la simple vista! Palmo á palmo (salva la hipérbole) pudiera dibujarse la silueta de su costa sobre el agua y de sus montes sobre el cielo.- Algunos puntos blancos se destacan de aquella perspectiva bosquejada en el horizonte....- Serán casas, quintas, sepulcros, morabitos.... ¡quién sabe!....
Pero de lo que no cabe duda es de que aquello es El Moro.... de que aquello es la infanda Libia, de que aquello es África.... El África á que fué á morir, ciego y pobre, el valeroso Rey ZAGAL: el África en que pasó BOABDIL la segunda parte de su vida: el África que devoró á D. SEBASTIÁN DE PORTUGAL y á la flor de los guerreros lusitanos: el África en que tres siglos después se presentó un caudillo español, el memorable O'Donnell, á recordar á los príncipes de Marruecos que aún existía aquel Reino castellano contra el cual nunca podría prevalecer el islamismo....
Sí: ¡allí está África!.... ¡Cuán cerca.... pero cuán lejos de nosotros! ¡África, mirándonos siempre, siempre á nuestra vista, pero separada de España, no por ese lago azul del Mediterráneo, sino por la negra inmensidad de sus destinos! -Es la vecindad inútil y acerba (perdonadme la comparación) de los que estuvieron un tiempo unidos y luego se divorciaron para in æternum: que se ven y no se hablan-; se escuchan y no se comunican; tal vez se aman.... y preferirían, sin embargo, mil muertes á reconciliarse.- ó más bien, es la vecindad de dos vástagos de familias tradicionalmente contrarias, cada uno de un sexo, ambos afables y garridos; que nacen en una misma calle, pasan su vida tropezándose á todas horas, y mueren sin haberse jamás saludado....- Edgardos y Lucías, Romeos y Julietas, que nunca llegan á cantar un dúo.
Con que acordémonos de nosotros mismos.
El Sol principia á caer al Occidente, y, si no nos damos prisa á bajar de estas espantosas soledades antes de que oscurezca, podremos vernos muy apurados.
Dichosamente, no se trata de descender á lo hondo, ni mucho menos.- Yégen, donde hemos de hacer noche, se encuentra todavía á una grande altura; a media Sierra, que dicen los pastores.- Por consiguiente, mañana tendremos adelantado lo peor del trabajo para recorrer los elevados pueblos en que andaremos las Siete Estaciones de Semana Santa, á pueblo por Estación.
Despidámonos, pues, del Mulhacén, repitiendo los melancólicos versos con que termina el canto de Lirola; versos en que profetizaba su próxima muerte, y en que se descubren abismos de soledad y de tristeza.- Dijo así:
.... .... .... .... .... ....
Ya se ha ocultado el Sol del Miércoles Santo.- Mil ochocientos treinta y nueve años hace que se puso del propio modo tras el monte Carmelo, llevándose el último día de los que en la vida del Redentor precedieron á su voluntario sacrificio.- Al día siguiente ÉL mismo se entregaría á sus verdugos.... Al otro, sufriría la muerte en Cruz, para sellar con su sangre aquellas doctrinas que pronto habían de regenerar el espíritu de los hombres (ó, por lo menos, de los europeso), rescatándolo de la servidumbre de [la materia] los enstidos, [que habían de hacerlo digno de la inmortalidad] hoy enseñoreados otra vez de la llamada civilización de Occidente.
Aquella tarde, la tarde del Miércoles Santo de hace diez y nueve siglos, no presentía la especie humana, al ver ponerse el Sol, cuán grandioso y memorable en la perpetuidad de los tiempos había de ser el día siguiente....- Hoy, la Iglesia, fundada sobre el sublime Misterio de que mañana es la efeméride solemnísima, reza ya, y canta, y llora, y agradece, y bendice (todo á la par), la Pasión y Muerte de JESUCRISTO.
Sí: á estas horas; en este lúgubre momento, las sombras de la noche principian á caer sobre los templos católicos, como cayendo van sobre esta encumbrada Sierra en que nosotros peregrinamos con tan religioso terror.... - [en este momento, digo, el Coro de las catedrales acaba de rezar las] Allí, como aquí, ha terminado la hora de Vísperas [del Jueves Santo] y se aproxima la de las Tinieblas.
Aquí, un tenue crepúsculo queda en el cielo, que apenas nos permite ver por dónde andamos al través de estas fragosidades, ásperas como los senderos de la vida....- Allí.... ¿quién, que sea católico, ignora lo que está pasando? ¿Quién no ha sido hasta actor, cuando niño, en aquella representación sublime y pavorosa? ¿Quién, lleno de miedo y de mística compunción, no ha golpeado las puertas del Templo al oscurecer de este luctuoso día?- [Veamos, pues,] Recordemos, recordemos lo que pasa allí, trasladándonos á los serenos años de la niñez.
El Coro ha rezado ya Maitines y Laudes. En el Tenebrario triangular ardían hace poco quince velas; catorce de ellas amarillas y la de en medio blanca....; pero al fin de cada Salmo se ha apagado una, en memoria de cómo fueron apartándose de Jesús, primero sus atribulados Discípulos, y luego las dos piadosas mujeres que, más animosas qué ellos, lo acompañaron hasta la Cruz....- Ya no arde más que una vela, la vela blanca, la que se llama Vela María....- Es la personificación de la Madre del Crucificado, cuando se quedó sola al lado de su espirante Hijo.- Stabat Mater dolorosa, juxta Crucem lachrymosa....
Además de esta -única luz que queda en el Tenebrario, alumbran todavía el Templo las seis velas del Altar Mayor, representación de los seis Profetas que anunciaron la Venida del Mesías.... -Pero el Coro reza los doce versículos del Cántico de Zacarías «Benedictus»...., y á cada verso apágase una de aquellas seis luces del Tabernáculo....
¡Apagáronse ya todas!....- El beso de Judas, recordado por la Antífona, ha sido el soplo de muerte.
Ya no arde en la Iglesia otra luz que laVela María.... -¡Esta no se apaga jamás!....- Sin embargo, una mano piadosa la oculta, aunque encendida...., y las Tinieblas reinan en la Casa de Dios.
¡Pavoroso momento! -El clero y los fieles están de rodillas ante los enlutados Altares, rezando el Miserere como reos contritos....- ¡Tibi soli peccavi!.... le dicen al Creador con el Rey Profeta.- Y los golpes de pecho retumban en la oscuridad del santuario....
¡Miserere! - digamos asimismo, desde esta soledad augusta, nosotros, pecadores también.... y también arrepentidos de haber llevado á Cristo á la muerte en Cruz....: usque ad mortem; mortem autem crucis.... ¡Miserere! - repitamos, bajando los disformes escalones de esta montaña, en medio de las sombras que nos rodean, yertos de frío y con el alma puesta en el autor de lo criado, cuya mirada nos sigue sin duda alguna en el oscuro laberinto de nuestra existencia. [«Cor mundum crea in me, Deus (exclamemos fervorosamente): et spiritum rectum innova in visceribus méis»
]
.... .... .... .... .... ....
Terminado el Miserere de la Iglesia, el Vicario del Coro reza en voz baja una última oración; y, cuando ésta concluye, los Capitulares golpean fúnebremente la madera de sus sillas; á lo que los muchachos responden aporraceando las puertas del templo; todo ello para representar el tumulto que armarán mañana los soldados y verdugos en las calles de Jerusalén, así como el terremoto que seguirá pasado mañana á la muerte de Jesucristo.- Por hoy, todo se ha acabado.
¡Oh! Sí... ¡todo! -Es noche completa en Sierra Nevada, y en Jerusalén, y en el templo, y en todos los corazones cristianos....
Así llegamos á Yegen, sumido también en las Tinieblas [¡Silencio!.... Ni una palabra más.- Mañana será otro día] de una y otra clase....
Clareaba apenas el día siguiente cuando ya estábamos de pie.
Habíamos dormido á las mil maravillas en casa de unos gentilísimos recién casados, que nos cedieron su flamante lecho, y á quienes otorgue Dios tanta ventura (hasta la edad más inverosímil por lo avanzada) como abrigo, satisfacción y descanso encontramos nosotros en aquel novísimo hogar, cuya dirección disputaba todavía el alegre Cupido al grave Himeneo, y donde, sin embargo, aquella noche rindiose principalmente culto á los dioses lares, protectores de la hospitalidad....
Por lo que hace á nuestro madrugón, estaba muy justificado. ¡Era tanto lo que teníamos que andar, que ver y que sentir durante aquel clásico día! -Así es que la orden de botasilla se dio sin pérdida de tiempo.
Acto seguido, y mientras ensillaban los caballos, nos dirigimos á la iglesia....
Hallábase ésta todavía cerrada; pero, habiéndosenos dicho que la abrirían muy pronto, dimos en el ínterin un paseo profano por las calles y las afueras de Yegen, -tarea que estuvo despachada en breves momentos, y que nos suministró materia para escribir en nuestra cartera de viaje los renglones siguientes:
« Yégen, lugar de 1.210 almas está sumamente elevado en las andamiadas de la Sierra; pero tan defendido de los vientos del Norte, y tan á merced del Sol y del ambiente de África, que en él encontramos, entre brillantes chorros de nieve derretida que bajan de las vecinas cumbres, granados en flor, opulentos olivos, y hasta naranjos llenos de fruto.
Encima del pueblo abundan los castaños, los nogales y las encinas; pero más notable que todo esto, es un Nacimiento de agua, que hay á la salida del lugar por la parte de Oriente. ¡Casi un río brota al pie de una roca gigantesca; y no bien acaba de brotar, cuando ya mueve dos colosales piedras de molino!- El agua es riquísima, y, según dicen, crea además otras riquezas en los barrancos y cañadas á que da riego.... -¡Oh! Quien á buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.- Al lado de Sierra Nevada no puede haber necesidades.»
.... .... .... .... .... ....
Cerca de las seis abrieron la iglesia.
El Monumento no estaba todavía armado, pero ya se veían por el suelo algunos preparativos para su composición; y en cuanto á los [Sagrados] Oficios del día, díjesenos que tardarían aún tres [ó cuatro] horas en principiar.- Ardía, con todo, pendiente del techo de aquella pobre nave, la lámpara de aceite que denota la continuidad del culto en los templos de que no se han incautado los [revolucionarios] gobernantes de este insensato siglo; y aquello fué bastante para que [rezásemos] entendiésemos haber visitado allí la PRIMERA ESTACIÓN, [confiando en que nuestra calidad de viajeros influiría para que el Todopoderoso acogiese unas oraciones tan anticipadas] ¡No se podía exigir más á unos pobres viajeros!
Con lo cual montamos á caballo, y partimos....
¡En aquel instante salía el Sol por el llano del Laujar!
Era el Sol del Jueves Santo, del día más grande de la Iglesia; día de tanto gozo, de tanta majestad, de tanta gala como el del Corpus; día en que los Sacerdotes y los Altares se despojan de sus crespones de duelo, á pesar de conmemorarse también la Prisión de JESÚS, y visten de blanco, para solemnizar la Institución de la EUCARISTÍA, que, según el Apóstol, «es la misma blancura de la luz eterna de la Gloria»- Ya véis que todavía se me conoce que he sido seminarista.
Sí: la Iglesia, agitada por contrapuestos afectos, destina las horas canónicas de este día á diferentes ceremonias, á cuál más augusta. Esposa de JESUCRISTO y Madre del género humano, tiene á un mismo tiempo que llorar al Redentor y que celebrar la Redención; tiene que acusarse á si propia (en nombre de la raza de Adán, congregada en el hogar de su Fe) de haber derramado la sangre del Hijo del Eterno, y tiene que cantar su triunfo, su libertad, su emancipación, dando gracias al Sacrificador y á la Víctima, á Abraham y á Isaac, al Padre que consintió en rescatarnos á tanta costa, y al Divino Cordero que fué precio del rescate....
Así, al menos, lo exponen, según mis recuerdos, en sus inmortales escritos, los Padres de la Iglesia, y tal es la significación de la solemnísima Misa que se canta la mañana del Jueves Santo.- Aquella Misa es, no ya la conmemoración, sino la viva representación de la Cena en que JESÚS se inmoló por los hombres; en que legó su Cuerpo y su Sangre á la Comunión de los fieles, en que estableció la Ley de Gracia. Por eso tanto júbilo, tanta fiesta, tanta pompa, pocos momentos antes del dolor y el luto que luego reinan en el templo.... Por eso el color blanco y la riqueza de ornamentos y vestiduras; por eso aquel triunfal repique de campanillas de plata con que se acompaña todo el Gloria in excelsis Deo; por eso la elevación del Monumento «con aparato regio de persona Real» que previene la Liturgia; por eso el lujo y los vistosos trajes de colores que lucen aquella mañana en el templo las hijas de Sión (nuestras hijas, hermanas y mujeres, quiero decir), enlutadas Verónicas á la tarde, errantes por la calle de la Amargura.... (Léase «calle de la Montera» ó «Carrera de San Jerónimo», si la escena se figura en Madrid.)
Sin embargo: aún en aquella Misa tan solemne y fastuosa, la Iglesia, en medio de su mayor alborozo, recapacita en el cruel martirio que le espera á JESÚS y, para demostrarlo, no da á besar la Paz á nadie, «por aborrecimiento al beso de Judas», ni quiere que el sacerdote persigne el altar antes de leer el último Evangelio, sino que se persigne á sí mismo, como prueba de la orfandad en que va quedando la Casa Santa.
¡Oh! ¡Qué delicadeza y qué grandiosidad á un propio tiempo en todas estas sagradas alegorías! ¡Qué abismos de ternura en todos los ritos de la Religión Católica!.... (H) -Los que así no lo [reconozcan] proclamen, no han visto por dentro el ceremonial [católico] de nuestras Catedrales y Basílicas, sino por fuera, como cerrado libro, como plegada flor, como callada esfinge.- Podrán haber oído, por ejemplo, la música de los Salmos; pero no han entendido la letra; podrán saber de memoria la misma letra; pero no se han penetrado de su espíritu.- Tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen...., [como dice la Sagrada Escritura] ni tan siquiera en materia artísitca y literaria.
Muy lejos estábamos nosotros de las grandes catedrales en que otros años habíamos visto conmemorar con tanta pompa la Institución de la Eucaristía: muy lejos de aquellos suntuosos Monumentos que, en Sevilla, en Toledo, en Granada, en Guadix...., sirven de trono y de prisión á Jesús Sacramentado, durante la tarde y la noche del Jueves Santo, y en que todo es luz y blancura, excelsitud y refulgencia.... Pero, en compensación, la mañana que digo, en el momento de salir el Sol (o más bien dicho, en el momento de entrar en la Alpujarra por aquel boquete que da paso á la Taha de Andarax), cielos y tierra ofrecieron á nuestros ojos y á nuestra imaginación el cuadro más grandioso que haya cantado nunca las alabanzas del [Omnipotente] Autor del mundo.
Hablo de la Sierra, -en medio de la cual nos hallábamos, viéndola desarrollarse á nuestros pies en descomunales laderas, que descendían á profundos abismos, y perderse al propio tiempo sobre nuestra cabeza en las soledades del espacio [, en las regiones etéreas, en la inmensidad que sólo recorren las almas de los justos
]....- ¡Hablo de Sierra Nevada calificada ya como templo por nosotros varias veces durante aquella larga peregrinación!
La Sierra, pues, vestida, como la Iglesia, de blanco y plata, en señal de triunfo; alzada, como catafalco dispuesto para una apoteosis, sobre escalones de mármoles preciosos, cubiertos de flores y olorosas hierbas; reverberante toda de claridad seráfica, como los iluminados Sagrarios, y alzando, en fin, al firmamento sus inmaculadas nieves, inaccesibles á todo contacto humano, puras como las oraciones de los ángeles, era para nosotros aquella mañana un Altar inconmensurable en que oficiaba la Naturaleza rindiendo culto á su Creador; era la Mesa del Convite en que el Tiempo y la Eternidad se unieron para siempre; era el pináculo en que la Tierra se despedía del [Hijo de Dios] Cristo que la había habitado treinta y tres años; era el propiciatorio en que los siglos reverenciaban el aniversario de aquel supremo instante; -era nuestro Monumento de Semana Santa.
Pero volvamos al Tiempo; volvamos al mundo; volvamos á nuestro viaje; volvamos á lo Moros.
Salía, dije, el Sol del Jueves Santo por el llano del Laujar en el mismo momento que nosotros nos poníamos en camino....
¡Triste, fatídico, de mal agüero era el punto que había escogido el astro rey para presentarse aquel día en la Alpujarra!. La entrada del llano del Laujar que teníamos ante la vista fué siempre el tránsito de los Reyes desgraciados. Por allí cruzó el ZAGAL para ir del trono al confinamiento y después del confinamiento á la expatriación: por allí entró BOABDIL en su retiro temporal cuando perdió el Reino Granadino, y por allí salió para dejar definitivamente la tierra de España: por allí, en fin, penetró un día ABEN-HUMEYA en la Taha de Andarax, en lo mejor de su edad y de su fortuna, muy ajeno el mísero de que en la Taha de Andarax le aguardaba la muerte.... y de que sólo volvería á salir de allí su exhumado cadáver cuando lo desterraran de la propia huesa!....
Y lo cierto es que el Sol tenía ya algo de rey desgraciado.... ¡Estábamos en la víspera de su mortal desmayo, de su pavoroso eclipse de tres horas enfrente de la Cruz, durante las cuales diz que exclamó San Dionisio Areopagita: «Vel auctor naturæ patitur; vel mundi machina disolvitur».
En cuanto á nosotros, caminábamos precisamente hacia el extremo Oriental de la Sierra hacia Levante, hacia Jerusalén, de donde venía el Sol; y, [adonde nosotros, ya] bien que no pudiéramos llegar en todo el día á la Ciudad de Herodes, por mucho que corriésemos, era indudable que, cuando menos, [acercado tres ó cuatro leguas al remate de la jornada....- ] habríamos avanzado hacia ella, al final de la jornada, cosa de veinte kilometros....; lo cual, si no un viaje completo, siempre constituiría un pedazo de viaje á los Santos Lugares.
Como estáis viendo, los Moriscos hablan perdido el pleito para nosotros, no bien amaneció el Jueves Santo. ¡Inútilmente tratábamos de reducir nuestra imaginación á que se interesase por su suerte! [Como buenos] Á fuer de caballeros cristianos, no teníamos ya entrañas ni fantasía sino para sentir y representarnos todo lo que á la sazón sentía y se representaba la Iglesia.... - Es decir: que, habiendo pensado recordar en Sierra Nevada la muerte del REYECILLO, investigar sus causas, instruir, en suma, el correspondiente proceso, y no hallábamos manera de principiarlo en tan santos días.... ¡Parecíanos una profanación!
Pero, en fin, todavía teníamos tiempo por delante, y ya se nos ocurriría al día siguiente algún medio de salir de aquel apuro....- Continuamos, pues, nuestra marcha á lo largo de la Sierra, y pocos minutos después estábamos en Válor.
Válor, el lugar de señorío de ABEN-HUMEYA; el que le dio nombre durante el período cristiano de su vida; tal vez su tierra natal (o nació allí ó en Granada: lo cierto no lo sé); el pueblo en que tenía una casa solariega (de que no quedan ni vestigios), está situado entre dos barrancos muy frondosos, en una especie de remanso de la Sierra.
Para llegar á la población y á sus cuatro barrios (llamados el Portel, la Jarea, Cohijar y Cantarranas) hay que pasar un hondo torrente que corta el camino, y que es la defensa natural de Válor, origen de su importancia en la guerra del siglo XVI como punto estratégico.- Sobre aquella cortadura existe un puente peraltado de forma árabe, de un solo ojo, levemente apuntado á la manera de ojiva, como los del llano de Tetuán.- Si aquella obra no es del tiempo de los moros (que tampoco lo sé), cuando menos es una imitación de otro puente que ellos tendrían allí
1.952 habitantes encierra hoy el antiguo feudo del que en mal hora dejó de llamarse D. FERNANDO DE VÁLOR; y, según mis noticias, lo más notable que pasa allí anualmente es una gran función de Moros y Cristianos que hacen los jóvenes del pueblo el día 14 de Agosto, y á la cual acuden espectadores de toda la Alpujarra (hasta de Berja y de Dalías), atraídos por la fama de divertidísima que goza aquella fiesta....- La humanidad es un abismo sin fondo.
Conque ¡basta de historias profanas! -Así dijimos entonces, y así repetimos ahora.... -Hemos llegado á las puertas del templo [. Recemos] católico de Válor, ó sea á nuestra la SEGUNDA ESTACIÓN, y deber nuestro era conmemorar la historia de la grandiosa Revolución Cristiana, dejándonos de Moriscos antiguos y modernos. (I)
En la Iglesia de Yegen, al amanecer de aquel solemne día, habíamos considerado, como [recordaréis] era de rigor, el momento augusto de la Cena, y [cantado] traído á la memoria, por consiguiente, el Himno de Santo Tomás á la Eucaristía (Pange, lingua, etc.).- (J) También habíamos recordado allí la humildad (imitada todavía una vez al año por nuestro Pontífices y Reyes) con que JESÚS lavó los pies á sus Discípulos después de la Cena, lo cual hizo comprender á San Pedro que aquellos eran los últimos adioses del Hijo de María, dando ocasión á este sublime diálogo:
(K) Así habló el CRISTO, y salió en busca de la muerte.
¡Qué majestad, qué tristeza y qué inefable dulzura en esta despedida! -Es la despedida del Maestro; el Codicilo de su amor y sus predicaciones; la cita dada por el primer Mártir á los que más tarde morirían también por su doctrina.
-«Me seguirás después.... (L).»
Estas palabras de JESÚS á San Pedro resumen en profecía toda la historia de la iglesia, todo el Martirologio cristiano.... [Tristis est anima mea usque ad mortem.]- del cual forman parte los tormentos sufridos en 1568 y 1669 por tantos y tantos Sacerdotes de la Alpujarra.
Hasta aquí lo que habíamos leído en Yegen [antes de partir] aquella mañana....
En Válor, consideramos la patética escena denominada la ORACIÓN DEL HUERTO: aquel momento de expectativa del martirio, en que JESÚS «empezó á entristecerse y angustiarse;» -aquellas palabras dirigidas á Pedro y á los hijos del Zebedeo: «Triste está mi alma, hasta la muerte; », -aquel trance doloroso en que, puesto de rodillas, exclamó. «Padre, si quieres, traspasa de mí este cáliz; mas no se haga, mi voluntad, sino la tuya»; -aquel sudor, «como gotas de sangre, que corría hasta la tierra;» y la llegada de Judas, «uno de los doce, con gran tropel de gente, con espadas y palos, de parte de los Príncipes de los Sacerdotes»; -y el beso del traidor Discípulo; -y la Prisión de JESÚS; -y, por fin, el instante en que, «desamparándole los demás Discípulos, huyeron todos» 4.
La PASIÓN había principiado.
De VÁLOR á Nechite, para donde salimos inmediatamente, hay menos de una legua, bien que muy dificultosa.- Sería, pues, cosa de las nueve cuando llegamos á esta nuestra TERCERA ESTACIÓN.
Por el camino fuimos reparando en que ya estábamos á retaguardia de Ugíjar, de la antigua ciudad, de la consabida Metrópoli de la Alpujarra. -Días antes la habíamos visto, como quien dice, de frente: después la flanqueamos á cierta distancia por la izquierda: á la sazón nos encontrábamos á su espalda; y, por último, al día siguiente, entraríamos en ella por el flanco derecho.- ¡Creeríase que la rondábamos, que la bloqueábamos, que íbamos estrechando su cerco, á la manera de sitiadores ó de amantes!
¡Y cuán imponente aparecía á aquella distancia, relativamente á los demás pueblos comarcanos! -Su verde y matizada vega dilatábase allá abajo, al pie de los austeros montes que la circundan, como una sonrisa de la Naturaleza, y, en medio de aquella graciosa campiña, divisábanse los nobles edificios y tendidas calles de la Capital del viejo Corregimiento; de la actual Cabeza del propio Partido judicial que recorríamos; de la tierra clásica de los curiales; del pueblo, en fin, más á propósito para representarnos, como nos representaba á lo lejos, la parte jurídica de la Pasión, las casas de Anás, de Caifás, de Herodes y de Pilatos, la Sinagoga, el Pretorio, los Jueces, los Escribas, los Fariseos, los soldados de Roma mezclados con las turbas judías, y las turbas judías gritándole al Pretor romano: «¡Perdona á Barrabás y crucifica á Jesús Nazareno!»....
¡Lo cual demuestra nuevamente que aquel día no había manera de hacernos ver otra cosa que escenas de Semana Santa!- Por fortuna, y para desagravio de la Villa de Ugíjar (comparada por nosotros con la deicida capital de Judea), veinticuatro horas después recorreríamos sus calles, precisamente á la hora de la Crucifixión, y nos encontraríamos con un pueblo tan cristiano, morigerado y pacífico como el que más, no menos dolido por cierto que ningún otro de lo que en aquel instante estaba pasando en el Gólgota....
Pero volvamos adonde estábamos; que tiempo nos queda para hablar de Ugíjar en su punto y hora correspondientes.
.... .... .... .... .... ....
En Nechite habían principiado ya los Oficios.- Tuvimos, sin embargo, ocasión de saludar un momento en la sacristía á nuestro amigo el señor Cura, como lo saludo nuevamente desde aquí.- En cuanto á sus 415 feligreses, casi todos se hallaban también en la Iglesia...., jugándose la vida en ello; no en verdad porque tuviesen que temer otra feroz carnicería como la que hicieron los Monfíes en los cristianos de aquel lugar el 25 de diciembre de 1568, sino porque la iglesia estaba, y creo que estará todavía, hundiéndose materialmente....
En el propio estado encontramos después la de Mairena; [y lo uno y lo otro] también por falta de algunos reales en que están presupuestadas las obras que habría que hacer para restaurar ambos templos (12.000 las de Nechite y 31.000 las de Mairena)....
-¡Ah, señora España! (exclamamos entonces.) ¡Mucho apresurarse á arrojar de la Alpujarra á los Moriscos, como enemigos de nuestra Fe: mucho obligar á aquella tierra, con el hierro y con el fuego, á ser católica: mucho lamentarse hoy nuestros hombres de Estado de los progresos de la impiedad: mucho decir que el descreimiento religioso es la carcoma de la actual civilización: mucho consignar en nuestros presupuestos grandes partidas para reparación de templos: mucho sacar á los pueblos exorbitantes contribuciones.... y he aquí dos feligresías que vanamente piden un día y otro que se les conserve la Casa de Dios, -único refugio que pueden hallar en sus tribulaciones los menesterosos que todavía no pertenezcan á la Internacional!
Por lo que respecta á los pobres párrocos, el Gobierno tiene buen cuidado de no pagarles su dotación ni la del culto.... ¿Qué le importa al Gobierno que los españoles tengan ó no tengan ideas religiosas? ¿Qué le importa que tengan ó no tengan principios morales? ¡Habrá visto el Gobierno tantos pueblos que vivan y prosperen sin lo uno y sin lo otro! ¡Habrá visto tantas sociedades, tantas civilizaciones, basadas en la negación de la inmortalidad del alma!.... -«¿Qué falta hace Dios, existiendo la Guardia Civil?....» (dirán acaso nuestros actuales gobernanates.) -«¡Y hasta sin Guardia Civil!....» (añadirán, [si es un Gobierno eminentemente liberal] á fuer de liber